
El progresismo argentino no es más que fascismo ilustrado: varias veces lo escribimos en este sitio. Ante la derrota de su candidato en la capital federal, la reacción de un amplio espectro de destacados progresistas –la mayoría, pero no todos, identificados con el actual gobierno– ratifica la validez de esa afirmación y la ejemplifica acabadamente.
El triunfo de Mauricio Macri significó para esta clase de progresistas, que desde los años de Raúl Alfonsín venían cómodamente instalados en la seguridad del triunfo, una derrota más en una serie que se inició en los agitados días del “que se vayan todos” y se prolongó en sucesivas instancias, cada vez más contundentes, a lo largo del ciclo kirchnerista.
Buena parte de ese progresismo fascista se asoció al kirchnerismo y se está hundiendo con él. La violencia de su reacción, condensada en el asco de Fito Páez o el odio de Norberto Galasso, denuncia la impotencia de quienes soñaron con imponer a la sociedad su hegemonía, y se enfrentan ahora al surgimiento de una nueva conciencia. Continuar leyendo “Progresismo y nueva conciencia”



