Emociones fuertes

Gobierno y oposición manipulan las emociones populares con la intención de llevar agua para su molino, mientras libran en segundo plano una guerra sorda.

Vivimos un momento altamente emotivo. Se agitan las emociones sociales en torno del desempeño de la selección de fútbol y la suerte de su entrenador; se agitan las emociones a propósito de la remuneración de los maltrechos jubilados; se agitan las emociones respecto del marco legal que se quiere dar a la unión entre personas del mismo sexo.

Los momentos socialmente emotivos hacen la delicia de los dirigentes políticos sin ideas ni liderazgo porque les brindan la oportunidad de manipular esas emociones en su favor y obtener apoyos y solidaridades que de otro modo les costaría mucho conseguir. Tendrían que proponer alguna idea original y después movilizar la voluntad de la gente detrás de esa idea.

Las emociones públicas les dan el plato servido, y prácticamente no les imponen costo alguno ni les exigen esfuerzos de ninguna especie. La energía ya está allí, en la calle, y todo lo que tienen que hacer es capturarla y dirigirla hacia sus personas o sus parcialidades políticas. En otras palabras, llevar agua que corre sola para hacer andar las ruedas de su molino. Continuar leyendo “Emociones fuertes”

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Un problema de gravedad

El caso de Gualeguaychú refleja las penurias de una población desamparada por el estado, la dirigencia y sus propios compatriotas.

La asamblea ciudadana de Gualeguaychú levantó esta semana el bloqueo de un puente internacional que había impuesto hace más de tres años como forma de protesta y presión contra el emplazamiento inconsulto en territorio uruguayo de una gigantesca y potencialmente contaminante fábrica de celulosa, justo frente a un balneario y sitio turístico argentino.

Los habitantes de esa ciudad entrerriana habían decidido el bloqueo del puente después de haber transitado sin éxito durante cuatro años todos los carriles institucionales municipales, provinciales y nacionales. Iniciaron su acción con el coraje y empeño de una gesta patriótica, pero lo hicieron tarde: la chimenea de la planta ya se levantaba ominosa en el horizonte.

Un esperado fallo de la Corte Internacional reconoció las tropelías orientales, pero no objetó el funcionamiento de la fábrica. Desamparados por el estado, abandonados a su suerte por la indiferencia o la condena de la llamada clase dirigente y de la mayoría de sus compatriotas, los de Gualeguaychú ahora sólo aspiran a reducir los daños. Su penuria es la del país todo. Continuar leyendo “Un problema de gravedad”

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Segundo centenario

El segundo centenario de la Revolución de Mayo corona el fracaso de la clase media como clase dirigente en la Argentina.


La celebración del primer centenario de la Revolución de Mayo en 1910 marcó el punto más alto de la consideración de la Argentina en América y el mundo, y coronó el éxito de un proyecto que su élite dirigente fue concibiendo y desarrollando a partir de aquel episodio liminar: la construcción de un país moderno según los mejores modelos teóricos y prácticos disponibles.

El segundo centenario encuentra a la nación en el montón de los países insignificantes, relegado incluso por vecinos con pergaminos más pobres, y corona el fracaso de una clase media que reclamó reemplazar a la elite fundadora y organizadora, lo consiguió, y nunca reunió la fuerza ni la inteligencia suficientes como para trazar su propio proyecto y sostenerlo.

La Argentina inicia ahora su tercer centenario huérfana de dirigentes, sin proyecto, y manejada desde hace décadas por una mafia político-económica cuyo único propósito es exprimir sus recursos, explotándolos o vendiéndolos, en beneficio propio. El futuro del país es una incógnita dependiente del mayor o menor grado de conciencia nacional que anide en sus ciudadanos. Continuar leyendo “Segundo centenario”

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La Prensa, de Gainza

El diario La Prensa jugó en los años de la última dictadura militar un papel que el progresismo no está dispuesto a reconocerle.

En un reciente acto público, agitadores oficialistas pusieron en tela de juicio el comportamiento del diario La Prensa, entonces propiedad de la familia Gainza, durante los años de la última dictadura militar. El alegato desconoce arbitrariamente la actitud asumida en esos difíciles momentos por los responsables del diario y por los periodistas que trabajamos en él, entre los cuales me incluyo.

En el contexto del periodismo acobardado, gris y uniforme de la época (cuando no cómplice), el diario La Prensa, junto al Buenos Aires Herald, marcó una diferencia que el progresismo siempre tuvo dificultades para reconocer. Se la reconoció al Herald, porque es sapo de otro pozo y está al margen de la contienda política local. Pero no a La Prensa.

El progresismo, en el que pueden inscribirse los participantes del acto mencionado, se erige en implacable crítico del pasado mientras elude las incomodidades del presente. Como las circunstancias puestas ahora en entredicho ocurrieron hace tres décadas, muchos pueden tomar por cierto lo afirmado en esa tribuna. Este testimonio personal pretende aportar otra visión. Continuar leyendo “La Prensa, de Gainza”

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Una sociedad enferma

Lo ocurrido en Baradero es un brote sintomático de la enfermedad que aqueja a la sociedad argentina: la anomia

El pasado fin de semana, la localidad bonaerense de Baradero vivió su día de furia. En un episodio todavía no aclarado, un vehículo policial embistió en las primeras horas del domingo a una motocicleta de baja cilindrada, a la que aparentemente perseguía por una infracción de tránsito, y causó la muerte de los dos adolescentes que viajaban en ella.

Tan pronto corrió la noticia, unas dos mil personas se congregaron en la plaza del pueblo para protestar contra lo que todos interpretaron sin mayores datos como un exceso de energía policial para sancionar una simple contravención: los adolescentes no llevaban casco. Un grupo violento tomó el control de la protesta e incendió seis oficinas públicas, una casa y un vehículo.

La prensa nacional describió cómodamente el episodio como una “pueblada”, término habitualmente utilizado para mencionar un levantamiento espontáneo contra alguna injusticia gubernamental. Más bien fue el estallido de un absceso, un brote sintomático de la enfermedad que aqueja a la sociedad argentina, un aviso de lo que puede ocurrirle en cualquier momento al país entero. Continuar leyendo “Una sociedad enferma”

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