De Neustadt a Lanata

En la década de 1970 la televisión argentina ofrecía a Bernardo Neustadt, que conducía junto con Mariano Grondona el programa de entrevistas políticas más importante del momento, y a Tato Bores, cuyo programa de humor político no tenía competencia. Ambas ofertas conseguían los más elevados niveles de audiencia. Hoy Jorge Lanata tiene que poner en pantalla un híbrido de Neustadt y Tato para lograr una respuesta parecida del público. Los programas de entrevistas políticas que... Continúa →

  1. ¿Quién quiere noticias?
  2. Una práctica higiénica
  3. Malas nuevas
  4. De Neustadt a Lanata
  5. Eliminar el intermediario
  6. Ser en los medios
  7. Para Fulano que lo mira por TV
  8. Un poder en dispersión
  9. Segregación e intolerancia
  10. Narcisismo 2.0

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¿Quién quiere noticias?

El mes pasado Facebook, la empresa que administra la más popular de las redes sociales, cumplió diez años y decidió hacerse un regalo: compró WhatsApp, un servicio de mensajería instantánea entre teléfonos celulares por el que pagó 19.000 millones de dólares. El desembolso, gigantesco por donde se lo mire, apenas se sintió en una compañía cuyo valor de mercado supera los 130.000 millones de dólares. Los periodistas no podemos dejar de comparar esas cifras con los 250 millones de... Continúa →

  1. ¿Quién quiere noticias?
  2. Una práctica higiénica
  3. Malas nuevas
  4. De Neustadt a Lanata
  5. Eliminar el intermediario
  6. Ser en los medios
  7. Para Fulano que lo mira por TV
  8. Un poder en dispersión
  9. Segregación e intolerancia
  10. Narcisismo 2.0

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Adiós, Mr. Robards

jasonrobards

Para los más jóvenes, la venta del Washington Post al dueño de Amazon tal vez no sea más que otra de las tantas noticias sobre fusiones y adquisiciones que pueblan la información de negocios; para quienes ya tenemos más pasado que futuro la novedad tiene el impacto de un sismo, tanto por la venta en sí como por la naturaleza del comprador, y ratifica lo que ya se nos viene anunciando desde hace tiempo con múltiples señales: el fin de una época, el fin del mundo que conocimos.

* * *

En la memoria de mi generación, aquí en el sur de las Américas, es difícil separar al Washington Post del caso Watergate y de la película Todos los hombres del presidente, que recreó la batalla del diario para investigar, documentar y publicar el episodio de espionaje político que tronchó la presidencia de Richard Nixon. Los nombres de Katharine Graham, la dueña del diario, y de Ben Bradlee, su editor, se convirtieron en sinónimos de lo que el periodismo decente pretendía ser. Algunos de quienes por entonces se iniciaban en la profesión se identificaban con los periodistas del diario que siguieron el caso, Carl Bernstein y Bob Woodward (interpretados en la película por Robert Redford y Dustin Hoffman); otros, como mi añorado amigo Hugo Ferrero y yo mismo, teníamos puesto el ojo en Ben Bradlee, no tanto en el Bradlee real, a quien no conocíamos, sino en el interpretado por Jason Robards, presente y vibrante en la pantalla y en nuestra imaginación. Nos fascinaban su aplomo, su cinismo, su coraje, su ironía distante, sus dudas, sus decisiones tomadas al vuelo y a fuerza de intuición, su alineación con la justicia, la verdad y el bien. Inspiraba nuestros sueños, incentivados por el alcohol y los cigarrillos, sobre el diario ideal que algún día íbamos a editar, planes que nuestras esposas escuchaban pacientemente hasta la madrugada, entre divertidas, condescendientes y orgullosas, como madres que ven a sus hijos jugar a ser hombres. (A veces hay que tener cuidado con lo que se desea: pronto nuestras respectivas carreras iban a tener que ver más con las tensas reuniones editoriales de Bradlee que con las aventuras callejeras de Bernstein y Woodward).

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WikiLeaks, la prensa y La Nación

WikiLeaks opera como un lavador de información ilegalmente obtenida, y los medios que lo siguen prefieren la divulgación sensacionalista a la responsabilidad periodística.

La difusión pública de toneladas de información reservada, obtenida y suministrada por el sitio WikiLeaks, presupone una serie de graves cuestiones de responsabilidad periodística,  inadecuadamente atendidas por los medios que fueron sus destinatarios, y encaradas de manera subsidiaria y deplorable por la prensa argentina.

Dejando de lado las apreciaciones que justifican estos episodios relacionándolos con las redes informáticas y las nuevas formas de difusión de información, WikiLeaks no es otra cosa que un intermediario pretendidamente legal entre uno o más delincuentes y los medios, una suerte de lavador de información ilegalmente obtenida.

En un proceso judicial es tan importante la prueba como la manera en que se la obtuvo. Por cierto, no es lo mismo el periodismo que el derecho, pero un medio tiene la responsabilidad de sopesar qué valor superior de interés público puede justificar la difusión de información surgida de un robo. No parece haber sido éste el caso. Continuar leyendo “WikiLeaks, la prensa y La Nación”

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Libertad de prensa

La rescisión del contrato de un conocido periodista por una radio que cambió de dueño, junto a cierta renovación de figuras en el área de la Secretaría de Medios del gobierno argentino, suscitaron una andanada de comentarios, artículos y reportajes encaminados a advertir al desprevenido lector, oyente o televidente, acerca de las amenazas que se ciernen sobre la libertad de prensa. Pero ninguno de esos gritos de alarma estuvo acompañado de una referencia elemental respecto de qué... Continúa →

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