Héroes de Malvinas

La detestable dictadura militar que gobernaba la Argentina en 1982 envió a la muerte a 649 hombres caídos en hechos de guerra; la acariciada democracia recuperada en 1983, sus líderes políticos, sus formadores de opinión, y buena parte de la sociedad, enviaron a la muerte a casi 550 veteranos que se la procuraron por propia mano, sucumbiendo al abandono, el desprecio y el olvido. A treinta años de la guerra de Malvinas, un grupo de intelectuales ha emprendido la tarea de demoler y... Continúa →

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Parricidas se necesitan

Hacia fines de la década de 1950 el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal publicó un ensayo titulado “La generación de los parricidas”, denominación en la que englobó a los nuevos nombres que asomaban en la literatura y el pensamiento argentinos: David Viñas, H.A. Murena, Juan José Sebreli, entre los más notables.

Los llamó así por la lucidez impiadosa con la que habían emprendido el examen y la crítica de sus padres intelectuales, a los que de alguna manera responsabilizaban de la situación de un país desgarrado entre una oligarquía mezquina y un populismo de corte fascista.

Esos parricidas habían nacido entre 1925 y 1930, y ya se hacían oir con fuerza cuando apenas rozaban los 30 años. De pleno derecho, se habían procurado y ocupaban con decisión y empuje un lugar en los debates estéticos e ideológicos que iban a abrirse en un amplio abanico intelectual y político en las décadas siguientes.

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Defensa del privilegio

Carolina tenía una licenciatura en Ciencias de la Educación. El título la habilitaba no sólo para formar maestros sino también para administrar instituciones educativas primarias, secundarias y terciarias, y para ejercer múltiples responsabilidades de gestión hasta, inclusive, las secretarías o ministerios del ramo en los diferentes distritos políticos del país. Para lo único que no le servía el título era para ser maestra de grado; es decir, si quería, podía serlo con el... Continúa →

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Disociados

Los padres de los alumnos muelen a palos a los docentes que reprenden o reprueban a sus hijos, los familiares la emprenden a puñetazos contra los médicos portadores de malas noticias sobre sus seres queridos. Esto significa que las dos últimas hebras que mantenían unido nuestro raído tejido social se han roto; se han deshilachado los refugios finales de la autoridad y la confianza. Ya no queda nada que nos una, que nos permita reconocernos como sociedad. El primer hilo que vincula a los... Continúa →

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Progresismo y nueva conciencia

El progresismo argentino no es más que fascismo ilustrado: varias veces lo escribimos en este sitio. Ante la derrota de su candidato en la capital federal, la reacción de un amplio espectro de destacados progresistas –la mayoría, pero no todos, identificados con el actual gobierno– ratifica la validez de esa afirmación y la ejemplifica acabadamente.

El triunfo de Mauricio Macri significó para esta clase de progresistas, que desde los años de Raúl Alfonsín venían cómodamente instalados en la seguridad del triunfo, una derrota más en una serie que se inició en los agitados días del “que se vayan todos” y se prolongó en sucesivas instancias, cada vez más contundentes, a lo largo del ciclo kirchnerista.

Buena parte de ese progresismo fascista se asoció al kirchnerismo y se está hundiendo con él. La violencia de su reacción, condensada en el asco de Fito Páez o el odio de Norberto Galasso, denuncia la impotencia de quienes soñaron con imponer a la sociedad su hegemonía, y se enfrentan ahora al surgimiento de una nueva conciencia. Continuar leyendo “Progresismo y nueva conciencia”

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