Los enemigos

El gobierno propone peligrosamente una guerra cultural contra objetivos difusos que nos distrae de las verdaderas amenazas

Murió Beatriz Sarlo, y toda la reacción del Estado argentino se redujo virtualmente a un tuit del secretario de cultura. La crónica dice que ningún funcionario se acercó a despedirla. La Argentina oficial la ignoró y la Argentina no oficial aprovechó su sepelio para marcar diferencias con el gobierno. Si ésta es la batalla cultural que se nos plantea quiere decir que no logramos emerger de nuestro extravío. Sarlo fue una de las críticas de la cultura y la sociedad más penetrantes... Continúa →

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Progresismo y nueva conciencia

El progresismo argentino no es más que fascismo ilustrado: varias veces lo escribimos en este sitio. Ante la derrota de su candidato en la capital federal, la reacción de un amplio espectro de destacados progresistas –la mayoría, pero no todos, identificados con el actual gobierno– ratifica la validez de esa afirmación y la ejemplifica acabadamente.

El triunfo de Mauricio Macri significó para esta clase de progresistas, que desde los años de Raúl Alfonsín venían cómodamente instalados en la seguridad del triunfo, una derrota más en una serie que se inició en los agitados días del “que se vayan todos” y se prolongó en sucesivas instancias, cada vez más contundentes, a lo largo del ciclo kirchnerista.

Buena parte de ese progresismo fascista se asoció al kirchnerismo y se está hundiendo con él. La violencia de su reacción, condensada en el asco de Fito Páez o el odio de Norberto Galasso, denuncia la impotencia de quienes soñaron con imponer a la sociedad su hegemonía, y se enfrentan ahora al surgimiento de una nueva conciencia. Continuar leyendo “Progresismo y nueva conciencia”

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Vargas Llosa, el sapo y la olla

Mario Vargas LLosa tiene la gentileza de advertir a los argentinos de sus errores, pero los “intelectuales” oficialistas lo repudian

El ejemplo es archiconocido: si se arroja un sapo a una olla con agua hirviendo, el sapo salta y se salva; si se pone al fuego la olla con agua fría y el sapo adentro, el sapo se amodorra con la tibieza inicial, pierde las fuerzas o la iniciativa para saltar cuando el agua quema, y muere cocinado. ¿Será posible avisarle al sapo antes de que sea tarde?

Y aún si alguien le avisara, ¿qué pasaría si al mismo tiempo otros bichos repudiaran a quien lanza el alerta y le dijeran al sapo de la olla que todo está bien, que el calorcito es mejor que el frío, y que más le vale cuidar ese abrigo que saltar a la intemperie? Probablemente, ablandado por la somnolencia y abrumado por las dudas, el pobre sapo se entregaría inerme a la cocción.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa ha tenido varias veces la deferencia de lanzar el alerta, de avisarnos que estamos en la olla, o en el horno. Y cada vez, los “intelectuales” oficialistas han repudiado al mensajero y han tratado de convencernos de que sólo se trata de un tibio “baño de María”. Como ocurrió ahora a propósito de la próxima Feria Internacional del Libro. Continuar leyendo “Vargas Llosa, el sapo y la olla”

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