Parricidas se necesitan

Hacia fines de la década de 1950 el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal publicó un ensayo titulado “La generación de los parricidas”, denominación en la que englobó a los nuevos nombres que asomaban en la literatura y el pensamiento argentinos: David Viñas, H.A. Murena, Juan José Sebreli, entre los más notables.

Los llamó así por la lucidez impiadosa con la que habían emprendido el examen y la crítica de sus padres intelectuales, a los que de alguna manera responsabilizaban de la situación de un país desgarrado entre una oligarquía mezquina y un populismo de corte fascista.

Esos parricidas habían nacido entre 1925 y 1930, y ya se hacían oir con fuerza cuando apenas rozaban los 30 años. De pleno derecho, se habían procurado y ocupaban con decisión y empuje un lugar en los debates estéticos e ideológicos que iban a abrirse en un amplio abanico intelectual y político en las décadas siguientes.

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El poder mediático

En todas las épocas, el poder vigente ha incidido sobre el sistema de saberes, creencias y valores que anima a una sociedad

En el corazón del Imperio, probablemente en alguna oficina oculta en los subsuelos del Departamento de Estado norteamericano, se trabaja día y noche en la promoción y coordinación de monopolios: monopolios económicos por un lado, monopolios de prensa por el otro, con la mirada puesta en la globalización; dicho de otro modo, en la conquista del mundo. Los monopolios de prensa mantienen una tropa de periodistas fieles, audaces y agresivos, cuya misión consiste en condicionar la... Continúa →

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