Manuel Zelaya, el destituído presidente de Honduras, es un hombre equivocado; generosa, ampliamente equivocado, como si hubiese contraído el virus de la influencia K; una muestra itinerante del error político. Construyó su propia trampa y quedó atrapado en ella, aglutinó a sus enemigos, y retrasó sin término cambios que su país necesita, y que tal vez, sólo tal vez, figuraban en su agenda.
Sus equivocaciones empujaron el sistema institucional hondureño más allá de la legalidad, abrieron el camino a la revancha, y generaron a su vez otra cadena de errores, a veces disparatados, en la que se enroló con entusiasmo la OEA, pero de la que se desprendió con elegancia un dúo que va a dar que hablar: Barack Obama-Hillary Clinton.
Todo el proceso que condujo a la destitución de Zelaya y a su expulsión del país aparece como estrechamente ligado a las pretensiones de Hugo Chávez de buscar aliados para ensanchar las fronteras de influencia de su “alternativa bolivariana”. Haber concebido la inclusión de Honduras en ese mapa supone ignorar la historia de un país que eludió no sin sangre amenazas más graves. Continuar leyendo “El hombre equivocado”