
Tras la derrota electoral de junio, el gobierno Kirchner se enfrenta casi por primera vez desde el 2003 a la necesidad de hacer política: un futuro Congreso en el que no tendrá mayorías automáticas, un partido en estado de asamblea, gobernadores e intendentes en rebeldía, pérdida de superpoderes y una justicia con mayor autonomía lo someterán a duras pruebas.
La pregunta que inquieta por igual a actores y observadores es si el oficialismo está mental y digamos técnicamente preparado para superar esas pruebas. La pregunta inquieta porque nadie está seguro de la respuesta, y porque las primeras reacciones de los dos miembros del matrimonio presidencial luego del domingo aciago fueron escasamente alentadoras.
“Hay que darle una semana a la presidenta para que absorba la derrota”, pidió el senador Carlos Reutemann, quien también reclamó “un reordenamiento de las ideas y de la forma de pensar”. Lo primero exhibe una tolerancia razonable; lo segundo plantea una difícil exigencia: la concepción del poder de los Kirchner no se forjó en el ejercicio de la política sino al calor de su contrario, la militancia. Continuar leyendo “Militancia, política, poder”