Tres peronismos, y un cuarto

El peronismo muestra a lo largo de su historia tres momentos marcadamente diferentes. Los análisis políticos suelen confundir esos tres momentos y atribuir a unos características de los otros, sea para elogiarlos, para repudiarlos, o simplemente para tratar de entenderlos. El propio peronismo, en tanto parcialidad política, ha aprovechado esa confusión, reivindicando algunos momentos y ocultando otros, para renacer tras cada fracaso o para reclamar apoyos a fin de seguir gobernando. A esta altura de la historia, en que el peronismo ha dejado de ser una parcialidad política para convertirse en un problema nacional que urge resolver, parece conveniente distinguirlos para saber de qué se está hablando en cada caso, y advertir los peligros que se ciernen en el horizonte.
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El nombre de la mafia

Tal vez su creador se inspiró en el corporativismo fascista, pero la criatura se le escapó de las manos y el peronismo se convirtió en el nombre argentino de la mafia. En Sicilia está la Cosa Nostra, en Nápoles la Camorra, en Calabria la ‘Ndrangheta, en Apulia la Sacra Corona Unita… y en la Argentina el peronismo. Quienes traten de entender este fenómeno político no necesitan acudir a Mussolini, ni revisar la supuesta genealogía histórica Rosas-Yrigoyen-Perón, ni someterse al suplicio de la prosa de González (Horacio) o de los mamotretos de Feinmann. Les propongo esta alternativa: vuelvan a ver de un tirón las tres partes de El padrino, la impresionante saga de Mario Puzo y Francis Ford Coppola. Allí está todo, claro como el agua clara.

Allí están la organización vertical, las lealtades personales, el sistema clientelar, la recaudación extorsiva, el asistencialismo, el control territorial, la violenta discusión del poder, el relato justificador de la defensa del grupo contra las amenazas externas, la idealización de la familia y su proyección social, la gran familia, y al mismo tiempo el reconocimiento explícito de que en el fondo todo es cuestión de negocios. ¿Acaso barras, punteros, intendentes, no son la réplica de los soldados, los capodecime, los caporegime? ¿No es posible reconocer en la historia peronista a cada capo de tutti i capi, a cada don? ¿No se valió cada uno de ellos del apoyo de un notable consigliere? Jorge Asís, el brillante causeur de la picaresca peronista, escribió hace poco que el peronismo tuvo tres grandes capos (líderes, dijo él): Perón, Menem, Kirchner, y dos armadores de transición: Cafiero y Duhalde. Como en la mafia, los momentos de liderazgo fuerte son momentos de estabilidad y buena marcha de los negocios. Pero cuando esos liderazgos se debilitan sobreviene un desorden violento cuyos efectos, también como en la mafia, padece toda la sociedad. Cafiero y Duhalde trataron en su momento de moderar esos efectos. En los sangrientos setenta no hubo nadie en condiciones de jugar ese papel. “La violencia es mala para los negocios”, dice Michael Corleone. Por eso los Montoneros nunca pudieron infiltrar realmente el peronismo: su estética fascista y su ética stalinista nada tenían que ver con los negocios, que son la razón de ser de la mafia, del peronismo. Aún cuando familias rivales matan a su hijo Santino y atentan contra su propia vida, Vito Corleone llama a los suyos a la calma, procura evitar las venganzas. Uno se acuerda de Menem y su reacción frente a los tres atentados, uno de ellos contra su hijo. “No es nada personal”, dice el fundador de la familia que anima la saga, “son solo negocios”. Del mismo modo, los enfrentamientos violentos entre peronistas no tienen nada de personal: simplemente se están reproduciendo, explicó alguna vez en tono similar Antonio Cafiero.

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Diez años tarde

El domingo pasado, el periodista Jorge Lanata decidió viajar a Santa Cruz para ver cómo han manejado los Kirchner la provincia en la cual construyeron su poder económico y político. No fue una mala idea. Lo único cuestionable es que se le ocurrió diez años después. Más o menos allá por el 2002, Lanata exhibió un temprano interés por la provincia austral, y domingo a domingo, por lo menos media docena de veces, abrió la pantalla de su programa Día D para presentar a Néstor y... Continúa →

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Héroes de Malvinas

La detestable dictadura militar que gobernaba la Argentina en 1982 envió a la muerte a 649 hombres caídos en hechos de guerra; la acariciada democracia recuperada en 1983, sus líderes políticos, sus formadores de opinión, y buena parte de la sociedad, enviaron a la muerte a casi 550 veteranos que se la procuraron por propia mano, sucumbiendo al abandono, el desprecio y el olvido. A treinta años de la guerra de Malvinas, un grupo de intelectuales ha emprendido la tarea de demoler y... Continúa →

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Amalia Lacroze de Fortabat (1921-2012)

Amalia Lacroze fue una de las dueñas de la Argentina, en el sentido más amplio de la palabra. Poseedora de una de las mayores fortunas del país, y administradora durante tres décadas de una de sus empresas más importantes, su trayectoria pública ejemplifica como pocas las relaciones entre el poder económico y el poder político desde el peronismo hasta nuestros días.

Cuando le preguntaron una vez si estaría dispuesta a postularse para algún cargo político, repuso: “Yo prefiero el poder real al poder formal”. Y, en una confidencia inesperada a un interlocutor circunstancial, declaró sin vueltas: “Yo, cada día que me levanto, lo hago sabiendo que la plata es mía, y que puedo hacer con ella lo que quiera”. Yo y yo.

Esas dos frases definen su visión del mundo, enmarcan el perfil de esta mujer ambiciosa y audaz, calculadora y enamoradiza, inteligente y sensual, generosa y mezquina, autoritaria y paternalista, con más dinero que buen gusto, con cierta inclinación al exhibicionismo pero reservada y discreta a la hora de la donación y el mecenazgo.

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