
El líder camionero Hugo Moyano aparece frente a la opinión pública como una figura amenazadora y temible, una especie de capitanejo con caudales y tropa propia, que ronda el poder del estado decidido a empeñar sus recursos y movilizar estratégicamente su musculosa brigada de infantería mecanizada con el objetivo último de “quedarse con todo”.
Pero sus recientes bravatas lo muestran más bien como un hombre asustado. Empezó a asustarse cuando el bancario Juan José Zanola fue a parar a la cárcel, y se asustó todavía más cuando el ferroviario José Pedraza siguió la misma ruta, por razones levemente diferentes. Advirtió que los confortables tiempos de la impunidad sindical estaban tocando a su fin.
Es típico del hombre asustado volverse temerario, y doblar las apuestas. Moyano optó por adoptar un tono crecientemente amenazador, para inquietud del gobierno y de la sociedad. Y empezó con los aprietes, uno tras otro, convencido de que su poder sólo se alimenta del miedo que sea capaz de inspirar, en el gobierno y la sociedad. Continuar leyendo “La lucha continúa”

