Esta es la triste consecuencia de la búsqueda desesperada de “inversiones” externas, que como Ud. bien señala, no son más que el paso a manos extranjeras de las empresas nacionales. No se crean nuevos puestos de trabajo, ni se implementa tecnología de última generación que permita salir a competir en mercados internacionales. Al igual que los bancos, los inversionistas juegan sobre seguro, abriendo nuevos agujeros por donde se escurren las ganancias.
Un gobierno verdaderamente nacionalista empezaría por impedir la propiedad mayoritaria de tierras, medios de producción y -ya que está sobre el tapete- de comunicación por parte de individuos o empresas extranjeras. Pero parece que en vez de políticos y estadistas tenemos especialistas en marketing e imagen, más preocupados por vendernos el paquete que por trascender como líderes que vuelvan a conducir a la Argentina al lugar que nuestros próceres soñaron.
Con excepción de las industrias automotrices, que a partir de los 90 comenzaron a producir modelos tecnológicamente modernos y los exportan, el resto de las inversiones extranjeras en la Argentina no han aportado gran cosa. Por el contrario han vaciado o destruido (Aerolíneas), han estafado o maltratado al cliente (bancos, telefónicas), o se han ubicado en sectores de rentabilidad segura (alimentos, medicamentos, comercio minorista). Cada vez que compramos un kilo de azúcar en el supermercado, una parte de lo que pagamos se va innecesariamente fuera del país. Al defender a Kraft, la embajada de los EE.UU. dijo que las empresas de ese país dan “buen empleo” en la Argentina. Según los trabajadores de Kraft, el sueldo promedio allí no llega a los 600 dólares.
Esta es la triste consecuencia de la búsqueda desesperada de “inversiones” externas, que como Ud. bien señala, no son más que el paso a manos extranjeras de las empresas nacionales. No se crean nuevos puestos de trabajo, ni se implementa tecnología de última generación que permita salir a competir en mercados internacionales. Al igual que los bancos, los inversionistas juegan sobre seguro, abriendo nuevos agujeros por donde se escurren las ganancias.
Un gobierno verdaderamente nacionalista empezaría por impedir la propiedad mayoritaria de tierras, medios de producción y -ya que está sobre el tapete- de comunicación por parte de individuos o empresas extranjeras. Pero parece que en vez de políticos y estadistas tenemos especialistas en marketing e imagen, más preocupados por vendernos el paquete que por trascender como líderes que vuelvan a conducir a la Argentina al lugar que nuestros próceres soñaron.
Con excepción de las industrias automotrices, que a partir de los 90 comenzaron a producir modelos tecnológicamente modernos y los exportan, el resto de las inversiones extranjeras en la Argentina no han aportado gran cosa. Por el contrario han vaciado o destruido (Aerolíneas), han estafado o maltratado al cliente (bancos, telefónicas), o se han ubicado en sectores de rentabilidad segura (alimentos, medicamentos, comercio minorista). Cada vez que compramos un kilo de azúcar en el supermercado, una parte de lo que pagamos se va innecesariamente fuera del país. Al defender a Kraft, la embajada de los EE.UU. dijo que las empresas de ese país dan “buen empleo” en la Argentina. Según los trabajadores de Kraft, el sueldo promedio allí no llega a los 600 dólares.