La conspiración

Si las calamidades de fin de año respondieron a una conspiración, ésta nació en la incompetencia del oficialismo para gobernar.

El gobierno seguramente esperaba un fin de año con rutilantes titulares sobre las compras en los centros comerciales y las reservas en los lugares de veraneo. Pero la tipografía de gran tamaño estuvo en cambio dedicada a narrar una imprevista secuela de descalabros, que el oficialismo sólo atinó a atribuir a los malvados designios de una conspiración.

Desde diversos pupitres ministeriales se apuntó el dedo hacia los presuntos animadores de esa conjura: el centroderechista jefe de gobierno porteño Mauricio Macri y el peronista clásico Eduardo Duhalde, fortalecidos con el improbable auxilio de los fanáticos de la secta decimonónica Testigos de León Trotski, conocida aquí como Partido Obrero.

Sin embargo, cuando se repasan una por una las calamidades que arruinaron el último mes del año, se advierte que si hubo una conspiración, ésta nació –involuntariamente, es claro– en las entrañas del propio oficialismo, en su flagrante incompetencia para gobernar, incompetencia que el difunto creador del “modelo” disimulaba a fuerza de prepotencia y billetera. Continuar leyendo “La conspiración”

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De dónde vienen las balas

Balas como las que mataron a Mariano Ferreyra no son accidentales, estas balas llevan un propósito. Mientras unos velan los muertos, otros evalúan los efectos de esas muertes.


La bala viene siempre del mismo lado. La bala que mató a Mariano Ferreyra vino del mismo lado que la bala que en el 2002 mató a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, del mismo lado que las balas que en diciembre del 2001 mataron a más de veinte personas en el centro de la capital federal, por mencionar unos casos: hubo muchas otras balas, y muchos otros muertos.

Estas balas que cruzan el aire hasta encontrar la vida de sus víctimas y llevársela consigo no parten, como se suele creer, de un policía desaforado o de un gremialista loquito o de unos francotiradores nunca identificados. Estas balas no son accidentales, estas balas llevan un propósito. Mientras unos velan los muertos, otros evalúan los efectos de esas muertes.

Estas balas denuncian un debate sobre el poder que no pasa por el Congreso, o los partidos, o las ideologías. Es un debate armado entre las mafias político-económicas que desde hace cuatro décadas se han venido apoderando gradualmente de país y lo mantienen en un estado de permanente desorden, si el cual no podrían existir ni prosperar, y quienes reclaman orden.
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