Domingo Cavallo fue absuelto en la causa que se le seguía por su papel en el programa de reestructuración de deuda conocido como Megacanje. El fallo alegró a la minoría de quienes lo aprecian y respetan, y obviamente al propio Cavallo, y encendió las iras de muchos anticavallistas, incluso de varios que suelen acusar a la justicia de fallar siempre según las pautas ideológicas gubernamentales. Demás está decirlo, el kirchnerismo se ubica en las antípodas de las ideas de Cavallo, y la propia presidente lo ha fustigado en sus discursos. No me interesa particularmente defender aquí a Cavallo, y en todo caso no estaría en condiciones técnicas de hacerlo. Por otra parte, en sus libros y en su artículos, el ex ministro se ha defendido, creo, razonablemente bien. Me interesa en cambio explorar el anticavallismo, ese fenómeno que lo ha convertido en una de las figuras públicas más resistidas del país. El anticavallismo es punto de encuentro de opiniones procedentes de los sectores más dispares, cada uno de los cuales guarda antiguos resentimientos contra el ex ministro. Lo que no se le perdona a Cavallo es haber demostrado la virtud de una moneda estable, haber puesto en evidencia que una moneda estable exige disciplina fiscal al sector público, y disciplina administrativa al sector privado, haberle permitido experimentar a la gente común que sólo una moneda estable protege el valor de su salario y de sus ahorros.
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Lactantes
En las cercanías del Riachuelo personas de muy pobre educación que viven hacinadas en casuchas miserables reclaman al estado una vivienda digna; en el barrio de Belgrano, personas mucho mejor educadas y con sus necesidades básicas satisfechas reclaman al estado que se haga cargo de una sala de cine arte, obligada a cerrar por falta de espectadores. Son estratos sociales diferentes pero, sometidos ambos a casi un siglo de adoctrinamiento populista progresista, en el sur y en el norte de la... Continúa →
Hegemonías culturales

A lo largo de varios ensayos, la escritora Beatriz Sarlo instaló la noción de una supuesta hegemonía cultural del kirchnerismo. El señalamiento, que se apoya en algunos datos más bien folklóricos como una canción proselitista, un acto público, un programa de televisión, a lo sumo apunta a una intención, algo ingenua si se quiere, pero difícilmente a una realidad.
El kirchnerismo como política, modelo o cultura es una construcción imaginaria con los atributos típicos de lo efímero, un espectáculo teatral en el que nada es lo que parece, y cuya entidad se evapora al apagarse las luces. Si la protagonista decidiera imprevistamente no repetir la función, la plaza quedaría vacía y el viento se llevaría en jirones los telones de papel.
Su condición de posibilidad (su caldo de cultivo) poco tuvo que ver con el peronismo y mucho con la izquierda, con el llamado progresismo, que –éste sí– hegemónicamente domina, condiciona y asfixia la vida social, política, económica y cultural argentina. Sarlo se alarma ante el kirchnerismo cuando debiera reconocerlo, al menos, como un hijo de su propia entraña. Continuar leyendo “Hegemonías culturales”
Las preguntas racistas
Las preguntas del censo sobre origen racial son discriminatorias y contrarias al propósito de una sociedad igualitaria e inclusiva.

El censo de población, hogares y viviendas preparado por la República Argentina para el año 2010 incluye un par de preguntas de orientación racista, cuya presencia en el cuestionario es contraria a la tradición abrumadoramente no discriminadora de su sociedad y al espíritu de sus instituciones, en especial de la Constitución Nacional.
El ítem número 5 pregunta si en el hogar censado hay alguna persona indígena o descendiente de indígenas y el ítem número 6 pregunta si hay alguna persona africana o descendiente de africanos. El ítem número 5 ya había aparecido en el censo del 2001, y el ítem número 6 fue incorporado por las actuales autoridades.
Ambos ítems obligan a los censados a pensar en sí mismos en términos raciales o étnicos, categorías que la ley fundamental de la nación sabiamente ignora, y expresamente rechaza. Su inclusión responde a consideraciones ideológicas que van a contramano de las convicciones básicas sobre las que se constituyó la nación.
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La Prensa, de Gainza
El diario La Prensa jugó en los años de la última dictadura militar un papel que el progresismo no está dispuesto a reconocerle.

En un reciente acto público, agitadores oficialistas pusieron en tela de juicio el comportamiento del diario La Prensa, entonces propiedad de la familia Gainza, durante los años de la última dictadura militar. El alegato desconoce arbitrariamente la actitud asumida en esos difíciles momentos por los responsables del diario y por los periodistas que trabajamos en él, entre los cuales me incluyo.
En el contexto del periodismo acobardado, gris y uniforme de la época (cuando no cómplice), el diario La Prensa, junto al Buenos Aires Herald, marcó una diferencia que el progresismo siempre tuvo dificultades para reconocer. Se la reconoció al Herald, porque es sapo de otro pozo y está al margen de la contienda política local. Pero no a La Prensa.
El progresismo, en el que pueden inscribirse los participantes del acto mencionado, se erige en implacable crítico del pasado mientras elude las incomodidades del presente. Como las circunstancias puestas ahora en entredicho ocurrieron hace tres décadas, muchos pueden tomar por cierto lo afirmado en esa tribuna. Este testimonio personal pretende aportar otra visión. Continuar leyendo “La Prensa, de Gainza”