Durante un encuentro celebrado el año pasado en Washington, Thomas Friedman contó que al debutar como columnista en el New York Times heredó la oficina de su ilustre predecesor James Reston. Y pensó que cuando Reston llegaba allí cada mañana seguramente se preguntaría sobre qué iban a escribir ese día sus siete competidores, siete colegas a los que incluso conocía personamente. “Yo hago lo mismo –confió–. Llego a la oficina todas las mañanas y me pregunto de qué... Continúa →