“La sociología clásica enseñó que toda sociedad compleja oscila entre la organización, que asegura el abastecimiento de los bienes, y los valores, que expresan el anhelo de una vida mejor, más justa.(…) ¿Cómo interpreta el populismo estos arduos problemas? (…) Ensayaré una explicación módica, acotada por la brevedad. Primero, el populismo sobredimensiona la discusión ideológica, minimizando las demandas de orden y organización; segundo, privilegia al demagogo... Continúa →
Etiqueta: Eduardo Fidanza
El votante medio
“El votante medio no se apartó mucho de la tierra conocida. Se limitó a repartir un poco más el poder dentro de sus fronteras. En términos políticos, se mantuvo en las proximidades de la presidenta, premiando a un hijo descarriado, no a un miembro de otra familia. En términos económicos, tampoco fue más allá de los logros del lúcido Lavagna y del primer Kirchner: crecimiento del producto con baja inflación. En estos años prósperos, el votante medio se acostumbró al casi... Continúa →
Peronistas y radicales
“No se vota ya por identidades precisas, pero los argentinos no aprecian opciones por fuera de las conocidas e instaladas. La estabilidad de la demanda cristaliza la oferta. A la hora de elegir presidente oscilamos entre el peronismo y el panradicalismo. Uno es el socio mayor; el otro, el menor. Por eso sus debates son más ruidosos que sustantivos. En ese contexto, otros proyectos políticos, como el de Pro, parecen condenados a ser minorías culturales. A la izquierda le ocurre lo... Continúa →
Jueguitos
Eduardo Fidanza es una persona inteligente, un observador agudo y generalmente ecuánime de la vida política argentina. Este sitio habitualmente recomienda sus columnas de los sábados en La Nación. Incluso lo ha hecho hoy, cuando esa columna contiene una injusta, inmerecida inclusión de Elisa Carrió entre los políticos “leves”, “farsantes”, que no dudan de hacer piruetas inconcebibles con tal de posicionarse mejor frente una elección. Como el ejemplo del día:... Continúa →
Crisis, inteligencia, milagro
En 1898 España perdió a manos de los Estados Unidos sus últimas colonias, circunstancia que parecía rubricar trágicamente un creciente deterioro político, moral y social. Los españoles sintieron que habían tocado fondo. El impacto sobre las conciencias fue tan grande que la intelectualidad de la época se sintió convocada a repensar España, en todos los términos y por todos los medios; a esos escritores y artistas se los conoce ahora como la generación del 98. En el verano del 2001-2002 creímos que la Argentina había tocado fondo. No tuvimos una generación del 2000. La crisis generó apenas unos ensayitos de morondanga, brotados del oportunismo editorial: no vale la pena recordar los nombres de sus autores, todos los cuales, por otra parte, siguen trabajando y produciendo, rodeados de la más alta consideración pública. En la década recorrida desde entonces hemos advertido que en realidad no habíamos tocado fondo, que siempre se puede estar peor. Carlos Escudé acaba de decirnos que la Argentina no satisface el requisito mínimo que define a un Estado, la capacidad de defender su territorio, y que nos sobrevuela el fantasma de la disolución. Parece que ahora sí estamos tocando fondo, que esta vez es en serio. Pero no se percibe en el horizonte una generación del 2010. El momento quizás más dramático de nuestra historia no incentiva otro género que no sea el periodístico: la crónica policial de la mafia que se adueñó del poder, a cargo de autores varios, o la crónica social de la picaresca mafiosa, a cargo exclusivamente del ameno causeur Jorge Asís. La inteligencia argentina (si es que tal cosa existe: desde la década de 1960 no da señales de vida) parece aletargada, en estado de estupefacción: asiste impasible al desmoronamiento, más allá de las lúcidas vislumbres que aportan de tanto en tanto las columnas de Eduardo Fidanza, de Santiago Kovadloff, de Luis Alberto Romero. Continuar leyendo “Crisis, inteligencia, milagro”