A comienzos de noviembre el gobierno decidió dar otra clase práctica sobre su acariciada convicción de que la economía debe estar sujeta a la política. Preocupado por una sostenida demanda de dólares que drenaba lentamente las reservas del Banco Central, impuso una serie de restricciones al mercado cambiario, disfrazadas como medidas tendientes a evitar el lavado de dinero y la financiación del terrorismo (sic). El goteo de reservas no se redujo, sino que aumentó. Pero las actitudes intervencionistas revivieron frases adormecidas en el inconsciente de todos los argentinos (“el que depositó dólares…”) y el público comenzó a retirar de los bancos sus legítimos ahorros en divisas. De inmediato surgió un mercado negro, cuya distancia de la cotización oficial fue creciendo día a día. El gobierno, que desoyó en las épocas de vacas gordas las recomendaciones sobre creación de un fondo anticíclico, vio con alarma que los dólares se le escapan por todos los rincones justamente ahora cuando la situación internacional promete ser adversa. Entonces tomó una serie de medidas en el área del comercio exterior, algunas formales, otras informales, algunas sostenidas, otras revertidas de inmediato, para reducir en lo posible la salida de dólares y acelerar su ingreso. Al cabo de dos semanas, y vertido en cifras, el resultado de todas estas maniobras intervencionistas no podría ser más desalentador: las reservas del Banco Central, que antes de las medidas perdían 280 millones de dólares por semana, cayeron en 318 millones en la primera semana, y 686 en la segunda; los bancos perdieron 645 millones de dólares de depósitos en la primera semana, cifra que podría sumar otros 800 millones en la segunda semana; la brecha entre la cotización oficial del dólar y la del mercado negro pasó de ocho por ciento a fin de octubre a 16,55 por ciento el viernes. Dicho en otras palabras, la primacía de la política no consiguió ningún resultado positivo con su incursión en la economía… pero tampoco en su propio terreno.
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Etiqueta: Amado Boudou
Kirchnerismo 2.0
Cristina Fernández resolvió finalmente aspirar a un segundo mandato; eligió a Amado Boudou como compañero de fórmula, y le impuso al gobernador bonaerense Daniel Scioli la figura de Gabriel Mariotto como aspirante a vice. Estas dos decisiones alcanzan para que los argentinos sepamos qué país nos espera si la presidente resulta reelecta.
Boudou fue el impulsor de la confiscación de las jubilaciones privadas y del uso de las reservas del Banco Central, que sostienen el valor de nuestra moneda, para cualquier fin. Mariotto fue el piloto de la ley de medios audiovisuales, concebida con el doble propósito de desarticular al grupo Clarín y asegurarle al oficialismo y sus adictos masiva presencia en radio y televisión.
Si a esto se suma la manera como el gobierno supervisó el armado de las listas de candidatos de muchos gobernadores e intendentes (que se lo permitieron), nos encontramos con el rostro familiar del kirchnerismo: arbitrariedad, prepotencia, humillación. Pero Cristina no es Néstor, y va a aportar lo suyo a la nueva etapa del “proyecto”: kirchnerismo recargado, kirchnerismo 2.0. Continuar leyendo “Kirchnerismo 2.0”
Tontos pero no tanto
El gobierno decidió reclamar una participación en los directorios de varias grandes empresas proporcional al porcentaje accionario que posee la administradora del fondo estatal de pensiones, y algunas compañías, las cámaras que éstas dominan, y los medios de prensa más importantes armaron una batahola sin proporción con la causa que la provoca.
El bochinche abundó en especulaciones apocalípticas sobre las intenciones del kirchnerismo, y fue rico en expresiones como avance del estatismo, alineación con Chávez, inseguridad jurídica, desaliento a la inversión, invasión de lo público sobre lo privado, y otros términos habituales en la retórica de las corporaciones pero escasamente aplicables al caso.
Lo reprobable de la decisión oficial, y lo que en verdad debería preocupar al ciudadano, fue haberla resuelto mediante un decreto de necesidad y urgencia, sin someterla al Congreso. En cuanto a las empresas, sería tonto derramar una lágrima por quienes han aceptado en silencio, o directamente promovido, violaciones legales mucho más graves en perjuicio directo de la gente. Continuar leyendo “Tontos pero no tanto”
Decir que no
Martín Redrado ha comenzado a recorrer el camino que puso a Julio Cobos en el nivel más alto de la consideración ciudadana, el camino que nace de una palabra tan fácil de escribir como difícil de pronunciar: no.
Martín Redrado ha comenzado a recorrer el camino que puso a Julio Cobos en el nivel más alto de la consideración ciudadana, el camino que nace de una palabra tan fácil de escribir como difícil de pronunciar: no.
Encuestas realizadas por un par de matutinos en sus sitios de Internet arrojaban el martes un resultado llamativamente idéntico. El 85 por ciento de las respuestas respaldaba su decisión de no renunciar a la presidencia del Banco Central.
Decir no requiere coraje, una virtud que en los niveles dirigentes de la Argentina –altos y medios, estatales y privados– ha sido desplazada por la proverbial destreza criolla en el arte de la realpolitik, vulgo caer parado y sin crearse enemigos. Uno nunca sabe. Continuar leyendo “Decir que no”