María Elena Walsh (1930-2011)

A María Elena Walsh la define su retrato. La apasionada fogosidad de su pelo, la lúcida transparencia de sus ojos, y una boca grande para decir y para cantar, para acariciar y para amonestar, para compartir ese apasionamiento y esa lucidez acicateando nuestra fantasía y obligándonos a pensar por fuera de los lugares comunes y las nociones correctas.

Su pasión por las palabras, por el sonido y el sentido de las palabras, la reveló antes que nada como poeta; su lucidez de artista la llevó a colocar sus versos bien lejos de los atormentados cultores del ensimismamiento; su voluntad de hacerse oir la condujo al encuentro de la canción, el lugar que el siglo ha reservado para la poesía.

Dentro del gran auditorio imaginario eligió un público especial, el de los niños, en el que posiblemente adivinara una entrega sin retaceos, una complicidad juguetona que le aseguraba el espacio para divertirse a sus anchas. Tres generaciones de argentinos llevan grabados en el alma sus melodías, sus personajes, sus mundos de leyes propias. Continuar leyendo “María Elena Walsh (1930-2011)”

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El gran cartógrafo

El comité del Nobel premió a Mario Vargas Llosa, cuyas novelas trazan un fidelísmo mapa de nuestro tiempo y constituyen una reafirmación del género.

El jurado del Nobel que anualmente discierne el premio de Literatura se ha hecho más famoso por sus errores que por sus aciertos, y sus decisiones suelen ser motivo de polémica. Difícilmente ocurra así con el peruano Mario Vargas Llosa, cuya obra constituye un gran mapa de nuestro tiempo y a la vez una rotunda ratificación del género novela.

Ahora que se ha asentado la polvareda sobre el tan zarandeado apogeo de la literatura latinoamericana en el siglo XX, ya se advierte que sólo un puñado de nombres se incorporarán al acervo mayor de las letras castellanas; para este cronista: Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti y Vargas Llosa. El Nobel acertó por lo menos en uno.

Vargas Llosa ha escrito novelas, cuentos, teatro e incontables artículos periodísticos que llevan el registro de sus opiniones ante los acontecimientos de la época. Pero aquello que lo distingue en la consideración de quienes leen, por placer o por oficio, es su calidad de narrador, su confianza en un género que muchos contemporáneos consideraban agotado. Continuar leyendo “El gran cartógrafo”

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Sandro (1945-2010)

Sandro fue leal a su oficio y a su audiencia, se respetó a sí mismo y respetó a su público, no cosechó lo sembrado por otros sino que abrió surcos nuevos. El reconocimiento popular sugiere que esos valores son apreciados.

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En un país fraudulento, Roberto Sánchez no defraudó. Fue leal consigo mismo y con su audiencia. En un país que no respeta, fue respetuoso. Se respetó a sí mismo y respetó al público que fue construyendo en cada etapa de su carrera. En un país de parásitos, no cosechó lo sembrado por otros: se contó entre quienes abrieron surcos.

El público –lo estamos viendo– retribuyó lealtad con lealtad, respeto con respeto, trabajo con reconocimiento. La gran mayoría silenciosa –lo vimos el año pasado con Alfonsín– no se engaña, ni se deja engañar por la charlatanería o la fantochada, y guarda sus afectos y su aprecio para las figuras de buena madera.

Sandro fue uno de los protagonistas de una época de la Argentina, más ingenua, más amable, más generosa, más confiada, más cordial, más hospitalaria. Esa Argentina fue asaltada a sangre y fuego por los dos terrorismos, fue degradada hacia la vulgaridad y la chabacanería por los medios de comunicación. Continuar leyendo “Sandro (1945-2010)”

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“Una semana solos”

En su largometraje, Celina Murga parte del barrio cerrado para explorar un segmento fácilmente identificable de la sociedad argentina

Entre las dos o tres excelentes películas argentinas estrenadas en el 2009, “Una semana solos” se revela como una de las más audaces y rigurosas exploraciones de un segmento significativo de la sociedad local ofrecidas últimamente por cualquier medio de expresión, incluídos la ficción y el ensayo. El filme de la directora Celina Murga narra la historia de un grupo de chicos de entre siete y 14 años que viven en un barrio cerrado y deben permanecer durante una semana bajo... Continúa →

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La palabra perro muerde

Abel Posse escribió cuatro verdades en La Nación, y la jauría progresista se le fue encima. El diplomático se preguntaba en su nota cuánto poder deberá tener un futuro gobierno democrático para restablecer el orden en un país desquiciado.

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El escritor y diplomático Abel Posse, nuevo ministro de educación de la ciudad de Buenos Aires, escribió cuatro verdades en un artículo para el diario La Nación –entre las muchas verdades que ha venido escribiendo en los últimos tiempos– y la jauría progresista se le fue encima con espumosa rabia.

Un columnista recordaba en estos días una frase del poeta Mario Trejo: “La palabra perro no muerde, el que muerde es el perro”. Los progresistas viven en un mundo de palabras, y para ellos la palabra perro muerde. No condenan a Posse por sus hechos, sino por sus palabras. Palabras que, a juzgar por su furiosa reacción, les resultan insoportables.

En los diarios y en las radios, en la televisión y hasta –¡ay!– en la universidad, el elenco estable de pregoneros progresistas se unió en una sola voz para condenar las opiniones de Posse. Incluso el guitarrero quilmeño Aníbal Fernández les dedicó una sentida payada. Ninguno pudo refutarlas racionalmente. Continuar leyendo “La palabra perro muerde”

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