Metidas de pata

Hay coincidencias fatales. Justo el mismo día en que denuncia un insólito pedido judicial de listas de periodistas, la prensa de Buenos Aires pone en evidencia el pobre rigor de su trabajo al develarse el origen de la historia de los famosos zapatos que la presidente habría comprado durante su último viaje a París. Esta semana, los sitios de los grandes diarios argentinos y sus repetidoras no autorizadas, las radios de AM y FM, saturaron al público con la versión de que Cristina... Continúa →

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Gestos

El poder es el poder, y es la representación digamos teatral del poder. El poder tiene sus escenarios (palacios ejecutivos, legislativos o judiciales), su utilería (sillones, bandas, bastones, escudos, estrados, bancas, incluso togas y pelucas), su gestualidad (mensajes públicos, sesiones, encuentros cimeros). Hay una cualidad especial en esta foto de la presidente Cristina Fernández en el momento de ingresar al palacio del Elíseo para una reunión de trabajo con su par francés... Continúa →

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Otra vez

Otra vez contando las víctimas. Otra vez el obsceno espectáculo de la muerte en la televisión. Otra vez la búsqueda de culpables para descargar la propia conciencia. Hace menos de un mes fue el caso Candela, ahora el accidente en un paso a nivel, y mañana será otra tragedia, y así seguiremos mientras no asumamos nuestras responsabilidades como ciudadanos.

En algún momento tendremos que entender que la institucionalidad no es sólo una cuestión que entretiene a los abogados, que la corrupción no es simplemente un funcionario que se queda con un vuelto, que la democracia no es nada más que ir a votar una vez cada dos años, y que ser ciudadano de un país es mucho más que alentar a sus selecciones deportivas.

Sabemos que estamos mal, y que está en nuestras manos hacer que las cosas cambien, pero por desidia, cobardía o ignorancia optamos por meter la cabeza debajo de la almohada. Creemos que es más seguro dejar todo como está que arriesgarnos a probar otra cosa, menos aún a dar un paso al frente y edificar nosotros mismos otra cosa. Continuar leyendo “Otra vez”

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Quién mató a Candela

Candela Sol. Tenía un nombre doblemente consagrado a la luz, y acabó en la peor de las tinieblas. En menos de una semana la vimos haciendo mohínes frente al flash de una cámara, con el pelo recogido y un flequillo, y luego acurrucada y muerta dentro de una bolsa negra de residuos. Su caso, dirían los diarios, sacudió al país. ¿Lo sacudió realmente?

A la Argentina no la sacudió la violencia de los setenta, no la sacudió la guerra de Malvinas, no la sacudió la catástrofe del 2001, no la sacude el destino incierto que aguarda a sus jóvenes. La sociedad argentina no se conmueve, si por conmoción se entiende ese sacudón fuerte que permite ver lo que antes no se veía, y obliga a modificar convicciones y conductas.

La suerte de Candela no sacudió a la sociedad argentina: excitó en cambio su curiosidad, su morbo, su necesidad malsana de mirar por televisión lo que les pasa a otros. Le dio la oportunidad de hacer comentarios escandalizados, de lavar su mala conciencia señalando culpables, de ocultar, en el barullo, lo que en el fondo sabe: a Candela la matamos entre todos. Continuar leyendo “Quién mató a Candela”

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Amén

Las elecciones primarias cumplieron su cometido: permitirnos saber cuál es el respaldo real con el que cuenta Cristina Kirchner y trazar el mapa en relieve de la oposición. Hay cosas que uno preferiría no saber. Pero ahí están: el pueblo se ha pronunciado, y la voz del pueblo, dicen, es la voz de Dios. Amén.

El veredicto ciudadano se partió en dos: la mitad de las urnas le subió el pulgar a la presidente de manera tan expresiva como la otra mitad se lo bajó a la oposición, aplastada en una orografía chata, uniforme, en la que apenas saltan a la vista la depresión profunda de Elisa Carrió y la módica elevación de Hermes Binner.

Para quienes imaginamos una República Argentina soberana, edificada según su Constitución e integrada por ciudadanos soberanos, la votación del domingo trajo malas noticias. Sin caer en la superstición de que el pueblo nunca se equivoca, su resultado debe encerrar sin embargo alguna pepita de verdad, alguna lección aprovechable. Continuar leyendo “Amén”

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