La esclavitud de los argentinos

“¿De qué somos esclavos los argentinos? En lo interior, de nuestra propia furia, de nuestra indiferencia hacia los muertos, hacia los pobres, hacia los presos; de nuestras apetencias de poder, de  parecer, de prestigio, de honores, de avivadas. En lo exterior, como en el reverso del interior, somos esclavos de quienes siendo más vivos que nosotros, con mayor adicción al poder y al dinero que nosotros, nos roban, nos saquean, nos mienten interminablemente. Nos entretiene votar a los... Continúa →

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El relato llega a su fin

La promoción del general César Milani le pone el punto final al relato kirchnerista, un discurso cuyo prólogo se escribió en el 2003 en el programa Día D de Jorge Lanata, y cuyo primer capítulo vio la luz pública en aquel inoportuno acto que Néstor Kirchner encabezó en los albores de su gobierno frente a la Escuela de Mecánica de la Armada, una construcción retórica cuya finalidad era encubrir el propósito fundamental del saqueo con unos telones verbales alegóricos de los... Continúa →

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Creerse impune

“El poder es impunidad”, había dicho impertérrito Alfredo Yabrán en una entrevista con Mariano Grondona. El empresario acumulaba poder pero no lograba el nivel de impunidad esperado. Hacia 1994 ó 95, la prensa lo acosaba con denuncias relacionadas con el caso Cabezas y con la manera poco convencional como el entrerriano manejaba sus negocios. Un buen día, su abogado Pablo Argibay Molina envió una carta a los medios en la que amenazaba con demandar a quienes mencionaran a su... Continúa →

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La casa de todos

“Muchos creemos percibir la difusión de una desesperanza, de un desánimo social, un desencanto con las formas democráticas, un cinismo social que, como los depredadores en infortunios impuestos por la naturaleza, aprovechan la desgracia ajena para medrar. Pero eso que nos ocurre, los fenómenos en sí mismos y los que provocan esta desesperanza, no son una condena, son enfermedades del espíritu colecivo susceptibles de ser curadas, no con pociones mágicas que a la postre más... Continúa →

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Zannini, el valido

zannini

Una docena de muertos, unos 2.000 comercios devastados por saqueos, pérdidas millonarias, promesas salariales a las policías provinciales por encima de cualquier presupuesto, miles de empleados públicos en plan de batalla para conseguir aumentos del mismo rango, un jefe de gabinete severamente desacreditado a poco de asumir y varios gobernadores en serios problemas fue el saldo que arrojó la desdichada decisión de negarle a Córdoba el auxilio de la Gendarmería para asegurar el orden mientras negociaba salarios con la policía en huelga.

Todas las fuentes señalan como inspirador de esa brillante táctica al furtivo secretario legal y técnico de la presidencia Carlos Zannini. Desde la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, y a pesar (o a favor) de su escasa visibilidad, Zannini ha sido una de las figuras más importantes del gobierno de Cristina. Junto a Máximo, el hijo mayor de la mandataria, conforma el reducidísimo círculo de confianza que la asiste en la toma de decisiones. Es tiempo entonces de poner el foco en la figura de este hombre, cuyo poder ha crecido desde la enfermedad de la presidente.

Al igual que Julio de Vido, Zannini ha acompañado la carrera política de los Kirchner desde que Néstor llegó a la intendencia de Río Gallegos en Santa Cruz, donde todos se conocieron. A lo largo de los años, y pasando de la intendencia a la gobernación y de la gobernación a la presidencia, ambos hombres han cumplido funciones bien diferenciadas: mientras De Vido fue el encargado de mantener abastecida la caja política, a Zannini le cupo la tarea de proteger la acumulación de poder por parte del matrimonio, dotándola de los instrumentos y recaudos legales necesarios, e incluso manipulando a discreción juzgados y fiscalías.

Obsesionado por el dinero como era, Néstor siempre se llevó mejor con De Vido. Cristina, en cambio, prefirió el diálogo con Zannini. Este cordobés elocuente y mesurado, de formación y militancia juvenil maoista, abogado de buena prosa, se le presentaba como un hombre de ideas. Y a Cristina le gustaron siempre las ideas, la discusión política, las apasionadas asambleas estudiantiles en La Plata que le habían revelado un mundo impensado, incluida su propia capacidad para la controversia. Néstor y Cristina veían en Zannini a un hombre culto, que sin embargo no los intimidaba y que les demostraba fehaciente lealtad.

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