Una descripción impecable y pormenorizada de la situación inaugurada en 2003 y que ahora, por acumulación de imposturas, llega a su fin; aunque no sabemos cómo va a terminar, ni cómo vamos a salir se esto…
Entre los “vivos”, que son pocos comparativamente, pero más de los que nuestra sociedad puede a esta hora soportar, y los ingenuos, que son , por cierto, numerosísimos, hacen un caldo de cultivo en el que la élite K se apoya y resiste. Pero no me parece bien tratarlo a Lanata como un mero oportunista, o algo por el estilo: fue, junto con otros, descalificado, basureado y ofendido en público; y les respondió con su inmensa capacidad para el periodismo de investigación, con golpes (histrionismo mediante; pero, al fin y al cabo algo de humor – sardónico, pero humor -, que es algo de los que los K carecen por completo) tan contundentes y certeros que lograron instalar en la sociedad informada – y en la no informada – el factor central para el análisis del proceso K: la corrupción, la impostura, la inautenticidad fundamental de Néstor, Cristina y su camarilla. Lanata volvió a ser – durante 2012/13- aquél muchacho que editara Página 12, que fue el diario que le contestaba al poder menemista, y que aportaba a la orientación de unos cuantos que veíamos con profundo desagrado como tantos se dejaban llevar de las narices… Por cierto que sus editoriales, Santiago, son consistentes en una dirección desde un principio – y hace ya unos cuantos años -, y yo se lo agradezco; pero vivimos en sociedades de gran escala, y para contragolpear a semejante impostura, hace falta, también, la gran escala… ¡Aunque esté financiada por Clarín, que, al fin de cuentas, no es, como grupo económico, social y cultural, peor que los K!
Gracias, como siempre, por sus análisis.
Creo que Lanata contribuyó más a la desinformación del público que a su información, incluso -y especialmente- desde los días de Página 12. Denunció la corrupción, es cierto, pero al mismo tiempo fomentó con su habilidad de comunicador el tipo de mentalidad que a la larga sería funcional al kirchnerismo. No es casual que los medios que fundó y muchos de los periodistas que se hicieron conocidos a su lado terminaran trabajando para los Kirchner. Salvadas las distancias, me hace acordar a Lavalle, un brillante militar a quien llamaban la espada sin cabeza.
Sí, pero los K lo obligaron a elegir (“En la vida hay que elegir”, dice Cristina Fernández) el sistema político de división del poder y controles, o republicanismo. Me parece que nunca lo había tenido muy en claro. Y, en consecuencia, a juntarse con…, bueno, lo que hay disponible en nuestra pseudorepública, que es variado pero, en cualquier caso, no es tan nocivo como los K. Su equipo y el show de los domingos (le aclaro que yo preferiría que no fuesen necesarios programas como ese) hicieron, en términos de escala e impacto, un boquete grande en ese casco que es el “relato”… Yo lo veo como una maduración en él; y, en todo caso, es mejor que esté de este lado (un lado complicado pero humanamente rico) y no del lado de los impostores como V. Hugo, Verbitsky, etc.
Hay gente en transición de la tradición autoritaria a la republicana; puede ser que esta vez haya un cambio, porque la primera está tocando fondo. Usted tiene perspectiva histórica, y en periodismo, muy poquitos la tienen…
Gracias nuevamente.
En este punto estoy de acuerdo con usted: no hay que desconocerle a nadie la posibilidad de cambiar. De lo contrario nos condenaríamos todos, porque probablemente todos en algún momento estuvimos equivocados. Si bien al único que yo escuché hasta ahora hacer un mea culpa fue a Mariano Grondona, no pierdo las esperanzas de que su ejemplo sea imitado.
Me consuela que alguien pueda mantener la cordura como para describir sin ambages el descalabro en que nos encontramos. La mayoría sólo atina a despotricar, y no los culpo. Gracias por escribir.
Es cierto lo que usted dice, pero tanto a los que describimos como a los que despotrican nos falta todavía dar dos pasos fundamentales: imaginar un futuro posible, y ponernos a trabajar por él, sabiendo que el fruto de ese trabajo será para nuestros hijos o nuestros nietos. Para galvanizar un conjunto semejante de voluntades se necesita liderazgo, y eso o bien nos falta o bien no lo sabemos ver. Gracias a usted por su comentario.
Análisis devastador por la claridad del comentario. Gracias, Santiago González, por ofrecer esta visión sin remilgos de lo que es una triste realidad para una nación que se empecina en no ver.
Una descripción impecable y pormenorizada de la situación inaugurada en 2003 y que ahora, por acumulación de imposturas, llega a su fin; aunque no sabemos cómo va a terminar, ni cómo vamos a salir se esto…
Entre los “vivos”, que son pocos comparativamente, pero más de los que nuestra sociedad puede a esta hora soportar, y los ingenuos, que son , por cierto, numerosísimos, hacen un caldo de cultivo en el que la élite K se apoya y resiste. Pero no me parece bien tratarlo a Lanata como un mero oportunista, o algo por el estilo: fue, junto con otros, descalificado, basureado y ofendido en público; y les respondió con su inmensa capacidad para el periodismo de investigación, con golpes (histrionismo mediante; pero, al fin y al cabo algo de humor – sardónico, pero humor -, que es algo de los que los K carecen por completo) tan contundentes y certeros que lograron instalar en la sociedad informada – y en la no informada – el factor central para el análisis del proceso K: la corrupción, la impostura, la inautenticidad fundamental de Néstor, Cristina y su camarilla. Lanata volvió a ser – durante 2012/13- aquél muchacho que editara Página 12, que fue el diario que le contestaba al poder menemista, y que aportaba a la orientación de unos cuantos que veíamos con profundo desagrado como tantos se dejaban llevar de las narices… Por cierto que sus editoriales, Santiago, son consistentes en una dirección desde un principio – y hace ya unos cuantos años -, y yo se lo agradezco; pero vivimos en sociedades de gran escala, y para contragolpear a semejante impostura, hace falta, también, la gran escala… ¡Aunque esté financiada por Clarín, que, al fin de cuentas, no es, como grupo económico, social y cultural, peor que los K!
Gracias, como siempre, por sus análisis.
Creo que Lanata contribuyó más a la desinformación del público que a su información, incluso -y especialmente- desde los días de Página 12. Denunció la corrupción, es cierto, pero al mismo tiempo fomentó con su habilidad de comunicador el tipo de mentalidad que a la larga sería funcional al kirchnerismo. No es casual que los medios que fundó y muchos de los periodistas que se hicieron conocidos a su lado terminaran trabajando para los Kirchner. Salvadas las distancias, me hace acordar a Lavalle, un brillante militar a quien llamaban la espada sin cabeza.
Sí, pero los K lo obligaron a elegir (“En la vida hay que elegir”, dice Cristina Fernández) el sistema político de división del poder y controles, o republicanismo. Me parece que nunca lo había tenido muy en claro. Y, en consecuencia, a juntarse con…, bueno, lo que hay disponible en nuestra pseudorepública, que es variado pero, en cualquier caso, no es tan nocivo como los K. Su equipo y el show de los domingos (le aclaro que yo preferiría que no fuesen necesarios programas como ese) hicieron, en términos de escala e impacto, un boquete grande en ese casco que es el “relato”… Yo lo veo como una maduración en él; y, en todo caso, es mejor que esté de este lado (un lado complicado pero humanamente rico) y no del lado de los impostores como V. Hugo, Verbitsky, etc.
Hay gente en transición de la tradición autoritaria a la republicana; puede ser que esta vez haya un cambio, porque la primera está tocando fondo. Usted tiene perspectiva histórica, y en periodismo, muy poquitos la tienen…
Gracias nuevamente.
En este punto estoy de acuerdo con usted: no hay que desconocerle a nadie la posibilidad de cambiar. De lo contrario nos condenaríamos todos, porque probablemente todos en algún momento estuvimos equivocados. Si bien al único que yo escuché hasta ahora hacer un mea culpa fue a Mariano Grondona, no pierdo las esperanzas de que su ejemplo sea imitado.
Me consuela que alguien pueda mantener la cordura como para describir sin ambages el descalabro en que nos encontramos. La mayoría sólo atina a despotricar, y no los culpo. Gracias por escribir.
Es cierto lo que usted dice, pero tanto a los que describimos como a los que despotrican nos falta todavía dar dos pasos fundamentales: imaginar un futuro posible, y ponernos a trabajar por él, sabiendo que el fruto de ese trabajo será para nuestros hijos o nuestros nietos. Para galvanizar un conjunto semejante de voluntades se necesita liderazgo, y eso o bien nos falta o bien no lo sabemos ver. Gracias a usted por su comentario.
Análisis devastador por la claridad del comentario. Gracias, Santiago González, por ofrecer esta visión sin remilgos de lo que es una triste realidad para una nación que se empecina en no ver.
Gracias a usted, por ayudar a difundirla.