“Muchos creemos percibir la difusión de una desesperanza, de un desánimo social, un desencanto con las formas democráticas, un cinismo social que, como los depredadores en infortunios impuestos por la naturaleza, aprovechan la desgracia ajena para medrar. Pero eso que nos ocurre, los fenómenos en sí mismos y los que provocan esta desesperanza, no son una condena, son enfermedades del espíritu colecivo susceptibles de ser curadas, no con pociones mágicas que a la postre más... Continúa →