El rabino Marcelo Polakoff, que condujo la ceremonia del sepelio de Alberto Nisman, dijo que el fiscal se había convertido en la víctima número 86 del atentado a la AMIA. Al menos en un sentido la afirmación es acertada. Al igual que lo ocurrido con los muertos por el atentado, su final trágico está siendo usado políticamente por diferentes intereses de todo tipo para adjudicárselo a la facción rival y arrojar una luz favorable sobre la propia, para crear climas de incertidumbre y... Continúa →
Categoría: Política
Una luz en las tinieblas
No sé qué motivo habrá impulsado a Elisa Carrió y Mauricio Macri a anunciar justamente este sábado su decisión de competir en internas abiertas por una candidatura presidencial alternativa al peronismo en cualquiera de sus avatares, en las elecciones de octubre. Tal vez ya la tenían pensada con anterioridad, tal vez sintieron la necesidad de encender una luz en las tinieblas. En todo caso, éste fue el efecto que produjo la novedad al término de una semana impregnada de luto y... Continúa →
Los enigmas de una muerte
La muerte del fiscal Alberto Nisman está rodeada de enigmas, muchos de los cuales brotan de sus propios dichos y hechos en los días que la precedieron. Uno puede rendirse a la consternación generalizada que produjo su trágico deceso, sumarse a la simpatía que suscitó su figura, y tranquilizarse pensando que los culpables están más o menos donde todos creen que están. O bien puede mirar esos enigmas de frente y, por lo menos, plantearlos. Aunque parezca irreverente hacerse preguntas sobre la víctima. Repasemos esos enigmas:
1 La denuncia
En medio del alboroto mediático hubo dos voces autorizadas que enmarcaron debidamente la denuncia del fiscal. El ex fiscal Luis Moreno Ocampo explicó claramente lo que habría sido innecesario explicar si la prensa hubiese presentado el caso sin sensacionalismo. Nisman, dijo, había presentado una denuncia, no una acusación. En tanto funcionario del Estado, esto lo aclaró el constitucionalista Daniel Sabsay, estaba obligado a presentarla si creía, como efectivamente Nisman creía, que se encontraba frente a la presunta comisión de un delito. Esa denuncia debía ser analizada por un juez para decidir su mérito, en caso de encontrarlo ordenar una investigación, y sobre los resultados de esa investigación formular entonces sí una acusación. En términos jurídicos, formalmente la denuncia de Nisman no se distingue de las que una y otra vez elevan personas como Elisa Carrió o Ricardo Monner Sanz. Para mencionar algunos casos particularmente graves, Carrió denunció a Néstor Kirchner como cabeza de una asociación ilícita, y fue una denuncia de Monner Sanz la que puso en marcha la causa sobre contrabando de armas que tuvo en jaque a Carlos Menem y otros funcionarios. Recordemos que Nisman denunció a Cristina Kirchner, su canciller y otras personas, de planear el encubrimiento de los iraníes acusados por el atentado a la mutual judía a cambio de imprecisos entendimientos comerciales con la nación islámica, encubrimiento que debía comenzar, según un memorando de entendimiento firmado por las partes, con la caída de las órdenes de captura dictadas oportunamente por Interpol a pedido del juez de la causa AMIA. Antes de que se conociera la denuncia de Nisman, los cuatro periodistas que más investigaron el atentado de 1994 descreían que la presentación del fiscal pudiese aportar datos relevantes. Luego de publicado el texto de la denuncia, la mayor parte de los juristas que opinaron sobre ella coincidieron en subrayar su endeblez, y lo difícil que iba a resultar armar una acusación a partir de ella. Aunque la prensa armó un gran escándalo en torno de la denuncia de Nisman, ésta no traía en realidad nada nuevo. Por las razones que fueran, las órdenes de captura nunca cayeron, y el pacto quedó en el olvido, con lo cual el aspecto sustancial de lo denunciado ya se había vuelto abstracto. Las fotografías de los fraternos encuentros entre D’Elía, Esteche y los iraníes se conocían desde hacía tiempo, y las escuchas de Nisman apenas aportaban los presumibles subtítulos. Como dijo algún funcionario del gobierno, aunque se probara que todo lo denunciado por el fiscal era verdad, no alcanzaba a configurar un delito. Tal vez estos dichos hayan sido exagerados, pero lo cierto es que en todo caso al gobierno le habría resultado muy fácil armar una defensa. Para decirlo claramente, la denuncia de Nisman en ningún momento constituyó una amenaza para el oficialismo, aunque su impacto publicitario, favorecido por la manipulación de la prensa opositora, que no dijo claramente las cosas que estamos diciendo acá, fue abrumador y dejó al kirchnerismo aturdido y sin respuestas.
Tres veces nada
La presidente Cristina Kirchner se ocupó públicamente en tres oportunidades de la muerte del fiscal Alberto Nisman, que la había denunciado por intento de encubrimiento de los presuntos culpables del atentado contra la mutual judía en 1994. Variaron las formas: en los dos primeros casos lo hizo mediante “cartas” publicadas en la red Internet, en el último recurrió a la televisión. No varió la intención: exculparse de esa muerte y al mismo tiempo mostrarse como su... Continúa →
Morir por la causa
En la Argentina caída en manos de las mafias, las muertes inexplicables anuncian cambios anticipados de gobierno. Ocurrió con las nunca esclarecidas muertes de decenas de manifestantes baleados por extraños policías en diciembre de 2001, antes de que Fernando de la Rúa resignara la presidencia; ocurrió en junio de 2002, con el raro asesinato de Maximiliano Kosteki y Dario Santillán, antes de que Eduardo Duhalde decidiera adelantar el llamado a elecciones. Tenemos ante nuestros ojos... Continúa →