Al reaparecer en público tres días después de su pésimo desempeño en la encuesta compulsiva del domingo, la presidente Cristina Kirchner emitió un encendido mensaje de tono marcadamente corporativo, en el que desestimó a sus opositores como títeres de grandes intereses económicos que conspiran contra su gobierno. Sólo con esos grandes intereses, dijo, eventualmente estaría dispuesta a dialogar.
En un discurso pronunciado en Tecnópolis, el escenario mayor de las fantasías kirchneristas, la presidente no acusó recibo del castigo sufrido en las urnas. Por el contrario, aparte de revelar que el FPV ganó en la Antártida (dato maliciosamente ocultado por la prensa, según afirmó), Cristina ratificó el discurso autista que ha caracterizado toda su gestión, y descalificó como mentirosa cualquier interpretación de la realidad distinta de la suya. “Además de que en la vida hay que elegir, en la política no hay que mentir más”, reclamó.
Para la presidente, el matizado conjunto de fuerzas opositoras que se impusieron en la encuesta del domingo no son más que la expresión de una impostura, una representación, lo contrario del oficialismo que encabeza: “No mentimos, no nos disfrazamos. Solamente la fortaleza de la verdad y de la realidad que, por más que hagan lo que hagan, no se puede ocultar”, dijo. En consecuencia, sólo se trata de salir a la calle y anunciar con nuevos bríos la buena nueva kirchnerista, machacar en el relato. “Por más titulares que quieren confundir, vamos a seguir adelante. Tengamos la fuerza de cada militante para ir casa por casa explicando esto. Si hay errores, los discutiremos”, prometió.