Por qué fracasan las naciones

Por qué fracasan las naciones. A la luz de nuestro último siglo de historia, en el que fuimos de fracaso en fracaso, este libro de los economistas estadounidenses Daron Acemoglu y James Robinson captura enseguida la atención, nos llama a examinar sus argumentos y ver si y en qué medida echan luz sobre nuestras desventuras.

El título remite de inmediato al trabajo de nuestro José Ignacio García Hamilton, quien se planteó el mismo interrogante, pero al revés: Por qué crecen los países. Las conclusiones a las que por diversos caminos arribaron los economistas y el historiador coinciden en su comprobación central: son las instituciones las que determinan el destino de las naciones.

Según Acemoglu y Robinson, las naciones son exitosas cuando sus instituciones políticas y económicas son “inclusivas” y pluralistas, y alientan a la población a invertir en el futuro; fracasan cuando sus instituciones son “extractivas”, esto es cuando protegen el poder político y económico de un pequeño grupo que se apropia de los ingresos del resto. Continuar leyendo “Por qué fracasan las naciones”

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Entre ideólogos y aplaudidores, sola

Desde antes de que Cristina Fernández anunciara su voluntad de buscar un segundo mandato advertimos en este sitio sobre la soledad en que se encontraba la presidente. Las fáciles adhesiones que atrae el triunfo disimularon temporariamente esa situación, que se puso nuevamente en evidencia tan pronto surgieron las primeras dificultades.

Tras la muerte de su esposo, la mandataria optó por rodearse por un lado de aplaudidores y por otro de ideólogos: unos y otros exhiben tanta incompetencia para las funciones que les fueron asignadas como celeridad para incrementar sus patrimonios personales. No hay que ser muy listo para advertir que con semejante elenco la eficacia administrativa es una quimera.

Mala administración y corrupción fueron el signo del kirchnerismo desde su mismo comienzo; la caja y el relato, los medios para encubrirlas. La caja se secó, y el relato viene mutando hacia un discurso cada vez más virulento y autoritario, en busca desesperada de alguien a quien culpar, de encontrar el enemigo que permita recrear la epopeya para poder seguir encubriendo. Continuar leyendo “Entre ideólogos y aplaudidores, sola”

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La tormenta perfecta

Néstor Kirchner salía de sus laberintos por la vía rápida: por arriba. Desde que obtuvo abrumadoramente la reelección, Cristina quedó sorprendentemente presa en el suyo y no encuentra la salida, como si los tabiques que lo definen se multiplicaran y empinaran a diario y le hicieran cada vez más difícil el gran salto.

La tragedia de Once levantó otro muro. Tras un silencio demasiado prolongado, la presidente reapareció en Rosario. Apeló indistintamente al tono bronco del relato épico y a la voz entrecortada de la elocuencia emotiva, pero el muro sigue allí. El suyo fue un mensaje débil, a la defensiva, esquizofrénico: habló como si el que gobernara fuese otro.

Muchos de quienes no simpatizan con el kirchnerismo pueden estar restregándose las manos ante la imagen de un oficialismo acosado, aturdido por el cúmulo de frentes que lo encierran. Pero la situación no da para esos gozos vindicativos; por el contrario, presenta la peligrosa acumulación de condiciones que posibilitan una tormenta perfecta.

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Amalia Lacroze de Fortabat (1921-2012)

Amalia Lacroze fue una de las dueñas de la Argentina, en el sentido más amplio de la palabra. Poseedora de una de las mayores fortunas del país, y administradora durante tres décadas de una de sus empresas más importantes, su trayectoria pública ejemplifica como pocas las relaciones entre el poder económico y el poder político desde el peronismo hasta nuestros días.

Cuando le preguntaron una vez si estaría dispuesta a postularse para algún cargo político, repuso: “Yo prefiero el poder real al poder formal”. Y, en una confidencia inesperada a un interlocutor circunstancial, declaró sin vueltas: “Yo, cada día que me levanto, lo hago sabiendo que la plata es mía, y que puedo hacer con ella lo que quiera”. Yo y yo.

Esas dos frases definen su visión del mundo, enmarcan el perfil de esta mujer ambiciosa y audaz, calculadora y enamoradiza, inteligente y sensual, generosa y mezquina, autoritaria y paternalista, con más dinero que buen gusto, con cierta inclinación al exhibicionismo pero reservada y discreta a la hora de la donación y el mecenazgo.

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Tango de Malvinas

Los señores David Cameron y Cristina Kirchner han salido a la pista a bailar el tango de Malvinas. Como se sabe, se necesitan dos para ejecutar la danza, y estos líderes, movidos por la necesidad política, lo hacen de maravilla. El caballero conduce y la dama acompaña, pero con giros y paradas en los que demuestra que ella también tiene algo que decir en el asunto.

Como ocurre cada vez que suena esta música, se reavivan los apasionados argumentos que los argentinos normalmente tenemos sobre todas las cosas, en este caso entre los halcones para quienes el agravio de 1833 sólo se salda con una retirada inglesa bajo presión, y las palomas mansamente confiadas en que el tiempo y la conversación todo lo arreglan.

En esta oportunidad, sin embargo se escucharon además puntos de vista novedosos, por lo menos para este cronista, y también sugestivos. Puntos de vista que nos han invitado a pensar en los habitantes de las Malvinas como personas, no como intrusos ni como kelpers (palabra que los deshumaniza, los convierte en cosas) sino como gente.

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