A Raúl Alfonsín le corresponde el hoy raro mérito de haber llegado a la presidencia movido por la honesta ambición de gobernar la Argentina según un determinado conjunto de ideas, y la responsabilidad de haber adoptado un repertorio conceptual que demostró ser inadecuado para encarar los difíciles problemas políticos, económicos y sociales que el país afrontaba en 1983.
Su firmeza de convicciones, y una admirable dosis de coraje cívico, le permitieron concretar el acto de gobierno que habría de marcar para siempre su gestión: el enjuiciamiento de las juntas militares. Pero esas mismas convicciones le impidieron encontrar el camino hacia la salud económica y el restañamiento del tejido social, desgarrado por décadas de enfrentamientos.
Aunque debió entregar el gobierno anticipadamente en un país incendiado por la hiperinflación y las revueltas populares, su nombre no ha quedado asociado al fracaso en la acción sino al esperanzador estímulo de la promesa, promesa de respeto por la ley, de unión nacional, de diálogo, de normalidad en un país que despertaba de la noche del terror y la humillación. Continuar leyendo “Raúl Alfonsín (1927-2009)”