Los diarios La Nación y Clarín se han empeñado coincidentemente esta semana en persuadir a la flagelada sociedad argentina de que a sus muchos pecados debe sumar ahora el de la discriminación, una pretensión difícil de demostrar en la práctica y que razones de salud pública exigen refutar de la manera más enfática.
La sociedad argentina en su vasta mayoría no discrimina, y esto probablemente ni siquiera sea una virtud sino parte de una manera de ser elaborada en común y sin saberlo por gentes de los cuatro rincones de la tierra que a la tremenda velocidad de unas pocas décadas aprendieron aquí a convivir, a respetarse, y a no aislarse en guetos.
Justamente esa “manera de ser”, ese impalpable que extrañan a muerte los expatriados y que buscan desesperadamente en la Internet, es nuestro ADN, lo que identifica a un argentino y lo hace reconocible por otro. No el color de la piel, ni la religión, ni cualquiera de esas señales que sí son fuente de discriminación en otras latitudes. Continuar leyendo “¡Discriminación!”