¿Tiene Occidente vocación de sobrevivir?

Por Pat Buchanan * “Si uno es lastimosamente débil, el país se va a ver infestado por millones de personas, y si uno es fuerte, entonces no tiene corazón; el dilema es complicado: Yo prefiero ser fuerte.” Esto dijo el presidente Donald Trump cuando emitió la orden de no seguir separando a los niños de los padres que fueron atrapados cuando ingresaban ilegalmente al país. Los enemigos de Trump lo celebran como una victoria. Y sin embargo la cuestión sigue en pie. Según la ley... Continúa →

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Turca, sacate la burka

El otro día comenté, medio en serio, medio en broma, que en la Argentina la cuestión de la burka la habríamos liquidado rápidamente con una cumbia o un cuarteto. Pensaba en algo común y corriente, algo como Turca, / hacelo con prisa, / sacate la burka, / mostrá tu sonrisa. // Nena, / quitate ese velo: / la vida está buena, / la tierra es el cielo, posiblemente con música al estilo de Los Palmeras, y un estribillo que repitiera: A la… a la… ¡a la una! / a la… a... Continúa →

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¡Discriminación!

La sociedad argentina no discrimina: centenares de miles de inmigrantes de América en ella viven, trabajan, se educan y se curan.

construccion

Los diarios La Nación y Clarín se han empeñado coincidentemente esta semana en persuadir a la flagelada sociedad argentina de que a sus muchos pecados debe sumar ahora el de la discriminación, una pretensión difícil de demostrar en la práctica y que razones de salud pública exigen refutar de la manera más enfática.

La sociedad argentina en su vasta mayoría no discrimina, y esto probablemente ni siquiera sea una virtud sino parte de una manera de ser elaborada en común y sin saberlo por gentes de los cuatro rincones de la tierra que a la tremenda velocidad de unas pocas décadas aprendieron aquí a convivir, a respetarse, y a no aislarse en guetos.

Justamente esa “manera de ser”, ese impalpable que extrañan a muerte los expatriados y que buscan desesperadamente en la Internet, es nuestro ADN, lo que identifica a un argentino y lo hace reconocible por otro. No el color de la piel, ni la religión, ni cualquiera de esas señales que sí son fuente de discriminación en otras latitudes. Continuar leyendo “¡Discriminación!”

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