Injerencia arrogante y racista

La intervención extranjera en Libia, como pasa siempre, habrá de dejar las cosas peor de lo que están

Resulta por lo menos curioso que las naciones que se presentan al mundo como los adalides de la libertad, como los grandes impugnadores de la intervención, tanto política como económica, sean justamente los reiterados agentes de las acciones armadas para remediar o corregir reales o supuestos desaguisados en terceros países.

La intervención, armada o desarmada, de poderes externos en los asuntos internos de un país, como la que en estos momentos se está desarrollando en Libia, es algo que repugna a la conciencia nacional en cualquier parte del mundo, y mucho más en aquellos lugares que durante largo tiempo soportaron los ultrajes del colonialismo.

Estas injerencias pueden, y merecen, ser condenadas justamente como expresiones tardías de una voluntad imperial, como exhibiciones obscenas de arrogancia y racismo, como hipócritas maniobras para asegurarse el control de materias primas o territorios estratégicos, pero sobre todo merecen ser condenadas por su torpeza e inutilidad. Continuar leyendo “Injerencia arrogante y racista”

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Helen Thomas en la hoguera

Helen Thomas, decana de la prensa estadounidense, fue despedida de su trabajo a los 89 años, por opinar sobre el estado de Israel.

El nombre de Helen Thomas tal vez no signifique mucho para el público en general, especialmente fuera de los Estados Unidos. Pero cualquier periodista del mundo occidental reconoce en esa mujer un ejemplo vivo de la modesta dignidad de su profesión, consistente en una simple amalgama de honestidad intelectual y coraje personal.

Decana de los periodistas acreditados ante la Casa Blanca, Thomas se ganó a lo largo de más de medio siglo un lugar de privilegio en su sala de prensa, una silla en la primera fila desde la cual puso en aprietos con sus preguntas sin concesiones a todos los presidentes desde Dwight Eisenhower hasta Barack Obama.

Esta semana, la policía del pensamiento le tendió una celada, unos fiscales sin escrúpulos formularon apresuradas acusaciones, y un tribunal sin rostro, apoyándose en el código de la corrección política, la inmoló en la hoguera por haber cometido el más novedoso de los delitos, el delito de opinión. Esta semana, a los 89 años, Helen Thomas se quedó sin trabajo. Continuar leyendo “Helen Thomas en la hoguera”

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