Desde su llegada al poder en el 2003 el kirchnerismo se asoció voluntariamente a la imaginería política de los setenta. El acto de la ESMA, agresivo, enconado, parcial, le enajenó buena parte de las simpatías iniciales, pero el buen viento de la economía internacional lo mantuvo a flote y hasta creó la impresión de que navegaba sosteniendo el timón.
Pero era una impresión errónea: torpemente estrelló la nave contra los arrecifes con la pelea con el campo y la confiscación de las jubilaciones privadas. Para entonces ya fue evidente que los santacruceños no tendrían una nueva oportunidad. La elección del 28 de junio marcó la primera muerte del kirchnerismo. La sesión inicial del nuevo Congreso sancionó la segunda.
La imaginería que rodea a la pareja presidencial abandonó ahora los setenta para evolucionar hacia dos clásicos de la pantalla de fines de los ochenta y principios de los noventa. Como Robert de Niro en Cabo de miedo o Glenn Close en Atracción fatal, el kirchnerismo parece muerto, pero resurge súbitamente con renovada “capacidad de daño”. Continuar leyendo “La segunda muerte del kirchnerismo”