Dos escándalos, uno tras otro. Y aún puede sobrevenir un tercero. Las élites gobernantes están desconcertadas. Creían tener la opinión pública amarrada en un puño, con las seguridades que les daban sus bien remunerados encuestadores y armadores de focus groups, y tan pronto le dieron al público la oportunidad de expresar su opinión les salió el tiro por la culata. En países de culturas y tradiciones tan distintas como el Reino Unido y Colombia, y sobre cuestiones tan disímiles... Continúa →
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Las huellas de la guerra en Colombia
En Colombia, las huellas de la guerra están a la vista. Cuando el extranjero transita por sus rutas le sorprende la presencia de soldados apostados a la vera, a distancia visual uno de otro, que saludan al automovilista con el pulgar hacia arriba. Los conductores les responden repitiendo el gesto en señal de agradecimiento. La costumbre viene de la época en que las guerrillas infestaban el territorio, y el gobierno debía custodiar los caminos para asegurar el desplazamiento de la gente.... Continúa →
Maniobra publicitaria en Cartagena
La segunda firma del tratado de paz con las FARC es innecesaria, y condiciona la decisión de los colombianos en la consulta del domingo
La docena de mandatarios hispanoamericanos que asistirán este lunes en Cartagena de Indias a la firma de un tratado de paz entre el Estado colombiano y la organización narcoterrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) serán cómplices voluntarios (como el cubano Raúl Castro) o imprudentes (como el argentino Mauricio Macri) de una maniobra publicitaria del presidente Juan Manuel Santos para impulsar la aprobación popular del entendimiento en el referendo popular convocado... Continúa →
Sin convicciones ni liderazgo
Mientras los países sudamericanos sigan atados a prejuicios ideológicos no podrán mostrarse como un bloque capaz de dialogar con los otros poderes del mundo y seguirán luciendo como lo hicieron en Bariloche: sin convicciones ni liderazgo.

En la década de 1960 iniciaron en Colombia sus caminos convergentes las organizaciones guerrilleras y los carteles de la droga, sumiendo al país en una orgía de violencia traducida hasta hoy en unos 40.000 muertos en enfrentamientos armados y unos 400.000 homicidios relacionados con una u otra actividad, incluídas las muertes por minas antipersonales. Los secuestros extorsivos se cuentan por millares.
Más de la mitad del territorio colombiano llegó a estar controlado por grupos izquierdistas armados como las FARC, el ELN y el M-19, los narcotraficantes, y organizaciones paramilitares como las Autodefensas Unidas. Una décima parte de la población –tres millones de personas– se ha visto desplazada de sus hogares y sus tierras por la acción de esas bandas. Otro medio millón abandonó el país.
A lo largo de cinco décadas, los países sudamericanos prefirieron mirar para otro lado, abandonando a Colombia en su tragedia. Pero cuando ese país resolvió pedir la ayuda de los Estados Unidos para restablecer el imperio de la ley en su territorio, rápidamente desenfundaron el dedo acusador, como vimos en la triste, inconducente cumbre de Unasur en Bariloche. Continuar leyendo “Sin convicciones ni liderazgo”