Solita y Scioli

Sobre este punto no hay opiniones discordantes: la encuesta de agosto despertó al kirchnerismo del ensueño de una Cristina eterna. Esto lo han visto con claridad los opositores, lo han visto los peronistas que mantenían una cautelosa fidelidad, incluso lo han visto los propios kirchneristas. Que también han visto que cualquier idea de continuidad en el tiempo para lo que ellos –y solamente ellos– reconocen como su proyecto se llama Daniel Scioli. Se necesitó el sopapo de las... Continúa →

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El síndrome del 2001

Este sitio viene advirtiendo a sus lectores desde comienzos de año que las mafias que se apoderaron del país dejaron de ver en el kirchnerismo el socio confiable que fue para ellos por lo menos hasta la muerte de Néstor Kirchner. Tras las grandes manifestaciones de descontento que el año pasado cubrieron las calles de todo el país se pusieron de inmediato a trabajar en la instalación de un reemplazante. El esfuerzo resultó transparente para cualquier observador desde un par de meses... Continúa →

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Corporativa y autista

Al reaparecer en público tres días después de su pésimo desempeño en la encuesta compulsiva del domingo, la presidente Cristina Kirchner emitió un encendido mensaje de tono marcadamente corporativo, en el que desestimó a sus opositores como títeres de grandes intereses económicos que conspiran contra su gobierno. Sólo con esos grandes intereses, dijo, eventualmente estaría dispuesta a dialogar.

En un discurso pronunciado en Tecnópolis, el escenario mayor de las fantasías kirchneristas, la presidente no acusó recibo del castigo sufrido en las urnas. Por el contrario, aparte de revelar que el FPV ganó en la Antártida (dato maliciosamente ocultado por la prensa, según afirmó), Cristina ratificó el discurso autista que ha caracterizado toda su gestión, y descalificó como mentirosa cualquier interpretación de la realidad distinta de la suya. “Además de que en la vida hay que elegir, en la política no hay que mentir más”, reclamó.

Para la presidente, el matizado conjunto de fuerzas opositoras que se impusieron en la encuesta del domingo no son más que la expresión de una impostura, una representación, lo contrario del oficialismo que encabeza: “No mentimos, no nos disfrazamos. Solamente la fortaleza de la verdad y de la realidad que, por más que hagan lo que hagan, no se puede ocultar”, dijo. En consecuencia, sólo se trata de salir a la calle y anunciar con nuevos bríos la buena nueva kirchnerista, machacar en el relato. “Por más titulares que quieren confundir, vamos a seguir adelante. Tengamos la fuerza de cada militante para ir casa por casa explicando esto. Si hay errores, los discutiremos”, prometió.

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Lectura de la encuesta compulsiva

Los resultados de la encuesta compulsiva están a la vista. Su lección más evidente es que los argentinos están hartos de kirchnerismo: el 54 por ciento de respaldo que obtuvo en el 2011 se redujo a menos de la mitad, el 26 por ciento, en dos años. Las razones de ese hartazgo hay que buscarlas en áreas alejadas de la política: la incapacidad práctica del gobierno para resolver problemas concretos, principalmente la inflación y la inseguridad. También en la corrupción, relevante para algunos sectores más atentos de la ciudadanía. En octubre, cuando este estado de opinión se traduzca en votos, el oficialismo recibirá la notificación concluyente de que sus sueños de continuidad habrán sido sólo eso: sueños. La renovación de bancas que se operará entonces lo dejará sin posibilidades de buscar una reforma constitucional, y muy probablemente le quitará el manejo a su antojo del Congreso. Las fuerzas no kirchneristas que atrajeron ahora el favor del electorado deberán hacer esfuerzos en los próximos dos meses no sólo para resistir la previsible embestida oficialista sino para afianzar, y ampliar, el espacio aparentemente ganado.

La encuesta compulsiva ha dicho con claridad lo que el electorado no quiere pero no arrojó luces definidas sobre lo que el electorado quiere. ¿Quiere una opción centroizquierdista, como indicarían las cifras de UNEN en la capital federal, o de Hermes Binner en Santa Fe? ¿Quiere alternativas peronistas, como sugeriría el respaldo a Sergio Massa en Buenos Aires o a Juan Schiaretti en Córdoba? ¿Tendría chances un radicalismo de nuevo cuño, como sugieren las cifras de Julio Cobos en Mendoza o Eduardo Costa en Santa Cruz, e incluso el tercer lugar obtenido por Margarita Stolbizer en Buenos Aires? ¿Qué lugar le espera al PRO, que a pesar de los globos y los bailecitos, hizo un papel deslucido tanto en la capital federal, donde gobierna, como en Córdoba y Santa Fe, donde presentó sus candidatos más expectables? ¿Hay un futuro para el kirchnerismo? Dicho de otro modo, ¿tiene el kirchnerismo identidad política, capaz de sobrevivir a sus creadores, o ese nombre define simplemente una unión transitoria para el saqueo de los fondos públicos? Estas preguntas tienen menos que ver con el 2013, cuando lo que está en juego es la posibilidad de limitar la capacidad de daño del kirchnerismo en lo que le queda de mandato, que con el 2015, cuando el país deberá decidir a quién confiará sus destinos en lo sucesivo.

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Mi ambición a esta altura de mi vida

Por Domingo Cavallo El 21 de julio, un día después del Día de los Amigos, cumplí 67 años. Si mirara mi vida en retrospectiva, podría decir que he logrado muchas cosas de las que me propuse. Pero mi caracter no me hace propenso a la retrospección. Más bien me lleva siempre a seguir adelante, apasionándome en dar batalla por las cosas en que creo y con las que sé que puedo contribuir. En las últimas semanas varias veces me han preguntado “por qué vuelvo a la política”. Algunos... Continúa →

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