2 opiniones en “El síndrome del 2001”

  1. El presente análisis de situación, Santiago, me resulta extremadamente esclarecedor. Y la coincidencia con Carrió y Caputo no es casual: es una línea de pensamiento, una perspectiva, condicionada, pero no determinada ideológicamente: pensamiento cualitativo. Ahora el gobierno está en caída libre y pueden ocurrir contingencias, de esas que no controla nadie, que produzcan quiebres en el relato (en franca bancarrota) y pasos en falso (¿no los están dando, acaso?) en la práctica de gobernar día a día. Sería aleccionador, un aprendizaje histórico, que este grupito de oportunistas, impostores, disfrazados, volubles como el viento, sean exprimidos hasta la última gota, hasta 2015, como los limones en los asadores, por la presión de sus propios desmanejos, sus desvaríos. En ese sentido, si hay algo que no nos conviene, es que se los “justifique” con alguna especie de golpe (hay muchas clases de golpe y la fruta está madura – podrida – como para hacerla caer golpeando la rama, nada más).
    Los simuladores siempre se victimizan, y los k, lo hacen desde un principio, desde 2003. De cualquier modo, y más allá de nuestros deseos comunes, la situación interna es precaria y puede llegar a ser dramática; esta vez, ridículamente dramática: los argentinos promovemos, entre lo malo, lo peor. ¡Que tengamos suerte, que méritos tenemos pocos!
    Gracias por sus artículos.

    1. Aunque algunos la tilden de exagerada, y otros (Jorge Asís) sostengan que los peronistas no terminan sus gobiernos en helicóptero, me parece que Elisa Carrió le hace un servicio al país al alertar sobre la posibilidad de un final apresurado y antirrepublicano, y apuntar a Eduardo Duhalde como autor de la maniobra. Ya lo ha hecho, y así nos fue. Gracias a usted, una vez más, por sus comentarios en este sitio.

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