e propongo al lector un experimento sencillo: supongamos por un momento que toda la dirigencia política, de cualquier partido, orientación o doctrina, se vuelve repentinamente honesta. Para separar del ensayo cualquier ingrediente moral, supongamos que es un virus desconocido lo que la incapacita para cometer el más mínimo acto de corrupción, es decir para usar en beneficio personal o de sus amigos o parientes los recursos o el poder que el sistema republicano pone en sus manos. Y para... Continúa →
El desafío
En el plazo de tres generaciones hemos desarrollado una verdadera cultura de la ignorancia y la estupidez, y urge revertirla