Nos robaron el auto


Estuvo con nosotros durante casi un cuarto de siglo. Había llegado en el momento oportuno, para contener y acomodar sin problemas a tres hijos en distintas etapas de la adolescencia, y a sus dos padres. Con el tiempo, el pasaje se fue reduciendo, y hoy era más bien un recurso indispensable para el intercambio de bultos entre sus anteriores ocupantes.

Aunque hubo otros, nuestro viejo Peugeot 505 fue el auto de la familia. Lo conocíamos y nos conocía, y nunca, o casi, nos dejó de a pie a pesar de que fuimos muy parcos en la demostración de afecto. No lo mimamos con lavados frecuentes, ni con servicios de posventa, ni le aplicamos cosméticos, ni lo adornamos con chirimbolos inútiles.

El paso del tiempo y los cambios en el diseño no llegaron a disminuir su elegancia ni a mermar su presencia, y seguramente fue eso lo que lo condenó. A pesar de que la pintura había perdido buena parte de su brillo ya hacía tiempo, y aquí y allá exhibía muescas y rasguños, para ojos conocedores aun seguía siendo un objeto de codicia.

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Piqueteros

Cada piquete que corta una calle es una prueba flagrante de la ausencia del estado, una inoperancia crónica, causa fundamental del nuevo fenómeno de la exclusión.

piquete

Cuando un piquete obstruye el tránsito, el afectado tamborilea los dedos impaciente sobre el aro del volante, calcula cómo la inesperada detención va a afectar sus tareas del día, y maldice la ausencia del estado. Hasta cierto punto tiene razón: cada piquete que corta una calle es una prueba flagrante de inoperancia estatal.

Para el frustrado automovilista esa ausencia del estado se hace evidente en la falta de una fuerza de orden público que desaloje a los manifestantes y libere la circulación. Pero el estado estuvo ausente mucho antes, al desatender o ignorar las causas que impulsan a una cantidad de personas a salir a la calle y bloquear el tránsito con su cuerpo.

Por su sola presencia, el piquete denuncia la ineficacia de alguno de los poderes del estado, una inoperancia crónica, que ha colmado la capacidad de espera y de tolerancia de la gente; una sordera insoportable, que empuja a los des-esperados a un paso extremo para hacerse oir. Un piquete es un testimonio inapelable de fracaso. Continuar leyendo “Piqueteros”

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