Impecable descripción.
Coincido con este tipo de sentimientos y aunque mimé muchas máquinas dificilmente se encuentre una historia con esta carga emotiva…
saludos.
Por tus palabras, veo que nos entendemos. Gracias por el saludo, Roberto.
Al leer tu nota sentí una profunda tristeza porque se refleja que ese compañero de la vida dejó huellas imborrables en la familia. Me dolió el llanto de mi hija ante la pérdida porque el enojo y la impotencia la superaban. Nuestros hijos estaban muy felices con el Peugeot y creo que jamás imaginaron que se iba a ir tan pronto. Pero la vida sigue y sólo quedan los buenos momentos del cuarto de siglo que los acompañó.
Las cosas son solo cosas, pero cuando permanecen mucho tiempo con nosotros se cargan de significados. Para nuestros hijos seguramente no será más que un mal rato: no tuvieron tiempo de incorporarlo a su propia historia. Gracias por el comentario.
Lamento la pérdida, mucho más de esa forma. Lo recuerdo estacionado sobre la vereda, a la sombra, en casa de mamá, cuando pasaban por Venado Tuerto, camino a Córdoba, algún que otro verano. No puedo dejar de mencionar, que mi padre, fanático de Peugeot, no pudo concretar el sueño del 505, antes de morir….
Gracias, María del Carmen, por el recuerdo. En realidad, había escrito un párrafo sobre esa escala ineludible, doblando desde la ruta derechito por “la Brown”; después lo suprimí para no alargar demasiado la nota… pero gracias a tu comentario la referencia encontró su lugar. Un saludo afectuoso para nuestros amigos venadenses.
Hermosas palabras que conjugan la ternura y la reflexión. Lamento su pérdida.
Saludos
Gracias, María.
Entrañable el cinco cero cinco. Supe darme alguna vueltas a bordo, en calidad de copiloto. Curiosamente tenemos un paralelo familiar, en mi caso un Taunus L modelo 80, que compartió el mismo destino.
Cariños,
Santiago
Nos entendemos, entonces. No es lo mismo el robo de un auto con historia… Gracias, tocayo, por tu saludo.
Casi tan entrañable como la Commodore 64!
Y pensar que hay quien dice que las máquinas no tienen espíritu.
Impecable descripción.
Coincido con este tipo de sentimientos y aunque mimé muchas máquinas dificilmente se encuentre una historia con esta carga emotiva…
saludos.
Por tus palabras, veo que nos entendemos. Gracias por el saludo, Roberto.
Al leer tu nota sentí una profunda tristeza porque se refleja que ese compañero de la vida dejó huellas imborrables en la familia. Me dolió el llanto de mi hija ante la pérdida porque el enojo y la impotencia la superaban. Nuestros hijos estaban muy felices con el Peugeot y creo que jamás imaginaron que se iba a ir tan pronto. Pero la vida sigue y sólo quedan los buenos momentos del cuarto de siglo que los acompañó.
Las cosas son solo cosas, pero cuando permanecen mucho tiempo con nosotros se cargan de significados. Para nuestros hijos seguramente no será más que un mal rato: no tuvieron tiempo de incorporarlo a su propia historia. Gracias por el comentario.
Lamento la pérdida, mucho más de esa forma. Lo recuerdo estacionado sobre la vereda, a la sombra, en casa de mamá, cuando pasaban por Venado Tuerto, camino a Córdoba, algún que otro verano. No puedo dejar de mencionar, que mi padre, fanático de Peugeot, no pudo concretar el sueño del 505, antes de morir….
Gracias, María del Carmen, por el recuerdo. En realidad, había escrito un párrafo sobre esa escala ineludible, doblando desde la ruta derechito por “la Brown”; después lo suprimí para no alargar demasiado la nota… pero gracias a tu comentario la referencia encontró su lugar. Un saludo afectuoso para nuestros amigos venadenses.
Hermosas palabras que conjugan la ternura y la reflexión. Lamento su pérdida.
Saludos
Gracias, María.
Entrañable el cinco cero cinco. Supe darme alguna vueltas a bordo, en calidad de copiloto. Curiosamente tenemos un paralelo familiar, en mi caso un Taunus L modelo 80, que compartió el mismo destino.
Cariños,
Santiago
Nos entendemos, entonces. No es lo mismo el robo de un auto con historia… Gracias, tocayo, por tu saludo.
Casi tan entrañable como la Commodore 64!
Y pensar que hay quien dice que las máquinas no tienen espíritu.