
Un intrigante drama humano se desarrolla frente a nuestros ojos en la Casa Rosada. La persona que obtuvo el mandato de los argentinos para gobernar el país hasta el 2011 ha declinado silenciosamente esas responsabilidades en favor de su esposo, que la precedió en el cargo, y se limita a hacer de portavoz de ese poder real y a cumplir con éxito cuestionable algunas funciones ceremoniales.
Ocupados como estamos en protegernos de los azotes que emanan de ese poder en las sombras, no alcanzamos a discernir, me parece, las dimensiones de ese drama, que ha convertido a la otrora aguerrida senadora por Santa Cruz, temible campeona de las ideas progresistas y denunciante implacable de las mañas de la vieja política, en una defensora sin crítica ni elocuencia de los desatinos de su marido.
¿Qué produjo esa mutación inexplicable en la presidente? ¿Qué puede inducir a alguien, no ya a abdicar el poder, sino a olvidar las ideas y los principios que defendió en sus largos años como legisladora nacional y provincial, a desplomarse en el momento culminante de su carrera política, a resignar su amor propio? El drama puede vestir la máscara de la tragedia o la de la comedia. ¿Cuál de ellas envuelve este renunciamiento de Cristina Fernández? Continuar leyendo “El renunciamiento”