
Tras la muerte de su esposo, Cristina Fernández exhibió el tono amortiguado que le imponían sus sentimientos en esa circunstancia extrema, y esa gestualidad, comprensible y compartible, le atrajo la simpatía del público. Mucho más dirigida a la persona que a las políticas que esa persona encarna desde la primera magistratura.
Aprovechando esa corriente, la presidente invariablemente incluyó en sus mensajes referencias a la unidad nacional, a la necesidad de articular vínculos entre los distintos sectores de la sociedad, de generar un proyecto colectivo capaz de “profundizar e institucionalizar” lo realizado por el gobierno que se inició en el 2003.
“No vine para dividir, vine para unir a los argentinos tras un proyecto nacional”, afirmó esta semana en Córdoba. Sin embargo, toda una secuencia de episodios que arrancó tan pronto se reanudó la actividad política tras el receso estival demuestra que en el propio entorno presidencial hay muchos que no prestan atención a la mandataria. Continuar leyendo “Del dicho al hecho”