Eso que llamamos Occidente (y por si alguno lo ha olvidado, Occidente es el nombre de nuestra patria espiritual, el conjunto de valores, saberes y creencias que informa todos nuestros actos, desde los más superficiales y cotidianos hasta los más hondos y trascendentes) ha nacido y se ha alimentado de la tensión constante entre dos polos antitéticos, representados por dos ciudades que, paradójicamente, no están muy alejadas una de la otra: Atenas y Jerusalén. De Atenas nos vienen la luz... Continúa →
Atenas y Jerusalén
Todos somos hijos de esas dos ciudades, que representan adecuadamente las dos caras de nuestra naturaleza