Por Ricardo *
La verdadera razón por la que los Estados Unidos han invadido Venezuela se remonta a un acuerdo que Henry Kissinger selló con Arabia Saudita en 1974. Y me propongo explicar por qué todo esto tiene que ver en realidad con la supervivencia misma del dólar norteamericano. Nada que ver con las drogas. Nada que ver con el terrorismo. Nada que ver con la “democracia”. De lo que se trata es del sistema de los petrodólares, que aseguró a los Estados Unidos durante 50 años la condición de potencia económica dominante. Y Venezuela amenazaba con ponerle fin.
Esto es lo que acaba de ocurrir en realidad: Venezuela posee unos 303.000 millones de barriles de reservas petroleras confirmadas. La mayor reserva del planeta. Mucho más que Arabia Saudita. El 20% de las reservas petroleras del mundo.
Pero eso no es lo importante. Lo importante es que Venezuela estaba vendiendo ese petróleo en yuanes chinos. No en dólares. En 2018, Venezuela anunció que iba a “liberarse del dólar”. Comenzaron a aceptar yuanes, euros, rublos, cualquier cosa menos dólares por su petróleo. Habían solicitado su incorporación al BRICS. Estaban tendiendo canales directos de pago con China que prescindían por entero de SWIFT. Y lo hacían sentados sobre un lago de petróleo suficiente como para financiar la desdolarización durante décadas.
¿Por qué es importante esto? Porque todo el sistema financiero estadounidense descansa sobre un único pilar: los petrodólares. En 1974, Henry Kissinger llegó a un acuerdo con Arabia Saudita: todo el petróleo que se comercializara en el mundo debía cotizarse en dólares. A cambio, los Estados Unidos le garantizaban protección militar.
Este acuerdo sirvió por sí solo para crear una demanda artificial de dólares en todo el mundo. Todos los países del mundo necesitan dólares para comprar petróleo. Esto le permite a los Estados Unidos imprimir dinero ilimitadamente mientras otros trabajan para sostenerlo. Les financia las fuerzas armadas. El estado de bienestar. El déficit fiscal. Los petrodólares son más importantes para la hegemonía estadounidense que todos sus portaaviones.
Y el destino de los líderes que se le oponen sigue un patrón:
En el 2000 Saddam Hussein anuncia que Irak va a vender su petróleo en euros, y no en dólares. En 2003 su país es invadido. Se produce un cambio de régimen. El petróleo iraquí vuelve a cotizar inmediatamente en dólares. Saddam muere en la horca. Sus armas de destrucción masiva nunca se hallaron porque nunca existieron.
En 2009 Gaddafi propone una divisa africana con respaldo oro llamada “dinar de oro” para el comercio de petróleo. Los correos electrónicos filtrados de la propia Hillary Clinton reconocen que ésa fue la razón principal de la intervención. Cita: “Este oro tenía por objeto instalar una divisa pan-africana basada en el dinar de oro libio”. En 2011 la OTAN bombardea Libia. Gaddafi es sodomizado y asesinado. Libia alberga ahora un mercado abierto de esclavos. “Fuimos, vimos, ¡y se murió!”, se burló Clinton ante las cámaras. El dinar de oro murió con él.
Y ahora Maduro. Con reservas petroleras cinco veces más grandes que las de Saddam y Gaddafi combinadas. Vendiéndolas activamente en yuanes. Tendiendo sistemas de pago por fuera del control del dólar. Solicitando el ingreso al BRICS. En sociedad con China, Rusia e Irán. Los tres países que conducen la desdolarización mundial.
Esto no es una simple coincidencia: quien desafía el petrodólar consigue un cambio de régimen. Invariablemente. El consejero de seguridad interna de los Estados Unidos Stephen Miller lo dijo hace dos semanas con todas las letras: “El sudor, el ingenio y la dedicación estadounidense edificaron la industria petrolera de Venezuela. Su expropiación despótica constituyó el mayor robo de riqueza y propiedades estadounidenses de que se tenga memoria”.
No lo oculta. Sostiene que el petróleo venezolano pertenece a los Estados Unidos porque empresas norteamericanas lo desarrollaron hace 100 años. Siguiendo esta lógica, toda nacionalización de recursos de la historia fue un “robo”.
Pero el problema más profundo es otro: el petrodólar está agonizando ya. Rusia vende su petróleo en rublos y yuanes desde la guerra en Ucrania. Arabia Saudita está discutiendo abiertamente transacciones en yuanes. Irán viene comerciando petróleo en monedas distintas del dólar desde hace años. China armó el CIPS, su propia alternativa al SWIFT, con 4.800 bancos en 185 países. El BRICS esta montando activamente sistemas de pagos completamente ajenos al dólar. El proyecto mBridge permite que los bancos centrales resuelvan instantáneamente sus pagos en monedas locales.
La incorporación al BRICS de Venezuela, con sus 303.000 millones de barriles habría acelerado este proceso de manera exponencial. Y de esto se trata efectivamente la invasión que acaba de ocurrir. No tiene que ver con las drogas: Venezuela representa menos del 1% de la cocaína que se consume en los Estados Unidos. No tiene que ver con el terrorismo: no existe la menor prueba de que Maduro conduzca una “organización terrorista”. No tiene que ver con la democracia: los Estados Unidos respaldan a Arabia Saudita, donde no hay elecciones de ninguna especie.
Esto tiene que ver con la preservación de un acuerdo sellado hace medio siglo que le permite a los Estados Unidos imprimir dinero sobre el trabajo del resto del mundo. Y las consecuencias son aterradoras: Rusia, China e Irán ya lo han denunciado como una “agresión armada”. China es el mayor consumidor de petróleo venezolano. Puede sufrir pérdidas por miles de millones. Las naciones del BRICS ven en Venezuela un país invadido por comerciar al margen del dólar. Toda nación que esté pensando en desdolarizarse acaba de recibir el mensaje: el que desafíe al dólar será bombardeado.
Y aquí está el problema… Ese mensaje podría acelerar la desdolarización, no detenerla. Porque ahora todos los países del sur global saben lo que pasa cuando se amenaza la hegemonía del dólar. Y advierten que su única protección es moverse más rápidamente.
El momento elegido también es un delirio: 3 de enero de 2026. Venezuela invadida, Maduro capturado; 3 de enero de 1990: Panamá invadido, Noriega capturado. Treinta y seis años de diferencia. El mismo día. El mismo manual. La misma excusa del “tráfico de drogas”. La misma razón real: el control de los recursos estratégicos y de las rutas comerciales. La historia no se repite. Pero rima.
¿Qué ocurrirá ahora? La conferencia de prensa de Trump en Mar-a-Lago anticipó la narrativa. Las empresas petroleras norteamericanas ya se están aprestando. Político informó que ya se les habló de “volver a Venezuela”. La oposición será instalada en el gobierno. El petróleo volverá a fluir en dólares. Venezuela se convertirá en otro Irak, en otra Libia.
Pero esto es lo que nadie se pregunta: ¿Qué pasa cuando ya no se puede sostener con bombas el predominio del dólar? ¿Cuándo China tiene musculatura económica suficiente como para tomar represalias? ¿Cuándo el mundo entero se da cuenta de que el petrodólar sólo se sostiene con violencia?
Los Estados Unidos acaban de mostrar su mano. La cuestión es si el resto del mundo se retira, o acepta la apuesta. Porque esta invasión implica admitir que el dólar ya no puede competir por sus propios méritos. Cuando se hace necesario bombardear países para que esos países sigan usando una divisa es porque esa divisa está muerta. Venezuela no es el comienzo de nada. Es un final desesperado.
* Texto publicado en inglés en la red X por un usuario que así se identifica, y del que no hay otros datos. Se lo traduce aquí por su claridad y precisión en el análisis de los hechos comentados.