«Las elites corruptas tratan siempre de persuadir a la gente de que se someta a su poder a cambio de protección contra fuerzas que son todavía peores. Ése es su juego. Pero llega el momento en que ellos mismos, y el orden que implantaron, se vuelven tan destructivos, tan mentirosos, tan tóxicos, que sus víctimas están dispuestas a apostar a que las alternativas no sean peores, o, por lo menos, deciden darse el gusto de escupir en la cara de quienes no han tenido para ellos otra cosa... Continúa →