Alguien dejó en mi buzón una carta cuyo destino se encuentra al otro lado de la ciudad. La carta venía del exterior y no tenía código postal. El nombre de la calle era distinto del de mi casa, pero había otro dato por ahí que permitía la confusión al ojo desatento. El número de puerta era parecido, pero no igual. Evidentemente, además, ya había sido devuelta al Correo por otra persona, o alguien había reparado en que no estaba correctamente dirigida, porque el sobre tenía un... Continúa →