La corrupción y el delito sólo prosperan en una sociedad amedrentada. Resulta muy difícil llevar a la práctica esa clase de actividades antisociales sin que nadie se dé cuenta. Es la tolerancia temerosa de los que ven y callan la que permite que corruptos y delincuentes sientan que pueden moverse a sus anchas. Si cada uno de nosotros se pusiera firme, si demostrara con energía una absoluta intolerancia a la transgresión, otro gallo cantaría. Y no se trata de magníficas acciones... Continúa →