
Al principio fue una simple curiosidad: leer las marcas graciosas en las etiquetas que aparecen pegadas en las bananas, Chiquita, Bonita… La curiosidad me llevó a la revelación: ¡todas las bananas que venden en el supermercado son importadas, en su enorme mayoría de Ecuador! Me aseguran, aunque no las descubrí, que ¡también compramos bananas al Brasil!
¡Es de necesidad y urgencia que tomemos conciencia de esta verdad, oculta o disimulada con toda malicia por los medios concentrados! La Argentina, nuestra Argentina, compatriotas y compatriotos, ¡es un país dependiente en materia bananera! ¡Estamos a merced de las corporaciones extranjeras, de la United Fruit, de la Forestal, vaya uno a saber!
Imaginemos el drenaje de divisas que produce el ingreso incesante de cachos de banana importados. A diferencia de las otras frutas, las bananas no parecen tener estacionalidad. Llegan durante todo el año, alimentando continuamente las licuadoras, y licuando al mismo tiempo las reservas del Banco Central.