«—Es una calle de dos manos, Jackson. Venden y compran.
—Pero ¿qué?
—A falta de mejor palabra, desestabilización. Los medios para provocarla y su ejecución misma.
—La pregunta que sigue, entonces, es ¿por qué? —intervino Nielsen con ademán de incredulidad—. Puedo entender el fanatismo, pero, ¿por qué gente que no tiene el más remoto interés en sus causas –la Mafia, por ejemplo– estaría dispuesta a colaborar en algo así, e incluso a financiarlo?
—Porque esa gente está interesada, y ese interés no tiene un pito que ver con las convicciones religiosas o filosóficas. Tiene que ver con el poder. Y con el dinero. Donde hay desestabilización, hay vacío de poder, y se pueden ganar millones, qué digo millones, billones. Cuando un gobierno está dominado por el pánico es posible infiltrarlo, ubicar personas en posiciones que otros podrán aprovechar más tarde; es posible colocar países enteros bajo el control de intereses creados que no saldrán a la luz sino cuando hayan acabado de ordeñarlos hasta la última gota, y para ese entonces ya habrán desaparecido, o tendrán garantizado el asilo político.
—Pero, ¿es posible que cosas así sucedan?
—Señora, lo he visto. De Grecia a Uganda, de Haití a la Argentina, de Chile a Panamá, y a la mayor parte del ex bloque soviético: sus burocracias eran tan comunistas como los Rockefeller.»
Robert Ludlum, The Scorpio illusion, 1993