
No fue ciertamente el calor de los entusiastas caceroleros que marcharon el jueves a la plaza de Mayo lo que envió a cuarteles de invierno al candidato a procurador Daniel Reposo sino el frio inclemente de los números: el oficialismo hizo las cuentas y vio que su pupilo no iba a aprobar el examen de los senadores, tampoco ese.
Entonces, con la misma desaprensión con que lo habían convocado para ocupar un cargo que le quedaba grande por los cuatro costados (y probablemente por esa misma razón, para manipularlo a gusto), le escribieron unas cartas de renuncia a la postulación y le dijeron: firmá acá. Nadie puede creer que el balbuceante letrado haya sido capaz de semejante elocuencia epistolar.
Todo el caso Reposo gira en torno de la humillación como teoría y práctica del kirchnerismo. Su postulación como jefe de fiscales, y la defensa de esa postulación, fueron un humillante desafío a la ciudadanía argentina; el retiro de la postulación evitó la humillación de una derrota en el Senado. Al kirchnerismo, es decir a Cristina, le gusta humillar, incluso a los propios, pero no ser humillado. Continuar leyendo “Humillaciones”