Suelo coincidir con muchos de sus comentarios, aunque siempre conservo en los matices finos una mínima diferencia.
Entiendo que el “Somos todos…..” suena totalitario y hasta prepotente, pero es también una fórmula sencilla y económica en argumentos, que apela al sentimiento y no a la razón.
Recuerdo la nota editorial del prestigioso periodista y dramaturgo Mario Diament, en la tapa del diario El Cronista, que dirigía por ese entonces, en ocasión del atentado a la embajada de Israel en Buenos Aires: “Hoy somos todos judíos”, tal vez apelando a la solidaridad de una sociedad que en su mayor parte miraba con indiferencia lo sucedido.
Días después, una marcha de repudio a la bomba, congregaba en la avenida 9 de Julio, unas cien mil personas, cifra menor a un recital de Soda Stereo, señalaba el mismo autor en aquellos momentos.
Acepto el carácter autoritario de la sentencia y desde ningún lugar se puede imponer a una persona obligar a asumir una postura, ni lograr una identifación masiva, pero entiendo también que puede ser un llamado a abandonar la indiferencia.
Como siempre le envío un saludo cordial y un testimonio de mi respeto por su ejemplar labor periodística.
Angel Eduardo Mintz
Tal vez no hubo indiferencia tras el atentado que usted menciona, sino estupefacción. Era la primera vez que la Argentina era escenario de lo que tenía toda la traza de un ataque del terrorismo internacional. Tal vez titulares como el que usted cita llevaron a la gente a la conclusión fácil y cómoda: ah, esto forma parte de la pelea entre árabes y judíos, nosotros no tenemos nada que ver. Pero aunque el ataque hubiese sido contra el estado de Israel, encarnado en su embajada, o en un sentido más extenso contra un símbolo del judaísmo, en los hechos ese atentado fue contra la Argentina. “Todos somos argentinos”, debió haber sido tal vez el titular, porque eso era lo políticamente irrefutable. Probablemente por no haberlo entendido de esa manera el país no tomó los recaudos que debió haber tomado, no consideró que atacado en una parte debía defenderse como un todo, y por eso hubo un segundo atentado, y aun un tercero y tal vez un cuarto. De hecho, las interpretaciones más fundadas sobre la naturaleza de esos ataques los muestran como dirigidos contra la Argentina o, mejor dicho, contra facciones internas de la Argentina, a las que se buscó castigar con atentados de corte antijudío. Gracias por su saludo.
Suelo coincidir con muchos de sus comentarios, aunque siempre conservo en los matices finos una mínima diferencia.
Entiendo que el “Somos todos…..” suena totalitario y hasta prepotente, pero es también una fórmula sencilla y económica en argumentos, que apela al sentimiento y no a la razón.
Recuerdo la nota editorial del prestigioso periodista y dramaturgo Mario Diament, en la tapa del diario El Cronista, que dirigía por ese entonces, en ocasión del atentado a la embajada de Israel en Buenos Aires: “Hoy somos todos judíos”, tal vez apelando a la solidaridad de una sociedad que en su mayor parte miraba con indiferencia lo sucedido.
Días después, una marcha de repudio a la bomba, congregaba en la avenida 9 de Julio, unas cien mil personas, cifra menor a un recital de Soda Stereo, señalaba el mismo autor en aquellos momentos.
Acepto el carácter autoritario de la sentencia y desde ningún lugar se puede imponer a una persona obligar a asumir una postura, ni lograr una identifación masiva, pero entiendo también que puede ser un llamado a abandonar la indiferencia.
Como siempre le envío un saludo cordial y un testimonio de mi respeto por su ejemplar labor periodística.
Angel Eduardo Mintz
Tal vez no hubo indiferencia tras el atentado que usted menciona, sino estupefacción. Era la primera vez que la Argentina era escenario de lo que tenía toda la traza de un ataque del terrorismo internacional. Tal vez titulares como el que usted cita llevaron a la gente a la conclusión fácil y cómoda: ah, esto forma parte de la pelea entre árabes y judíos, nosotros no tenemos nada que ver. Pero aunque el ataque hubiese sido contra el estado de Israel, encarnado en su embajada, o en un sentido más extenso contra un símbolo del judaísmo, en los hechos ese atentado fue contra la Argentina. “Todos somos argentinos”, debió haber sido tal vez el titular, porque eso era lo políticamente irrefutable. Probablemente por no haberlo entendido de esa manera el país no tomó los recaudos que debió haber tomado, no consideró que atacado en una parte debía defenderse como un todo, y por eso hubo un segundo atentado, y aun un tercero y tal vez un cuarto. De hecho, las interpretaciones más fundadas sobre la naturaleza de esos ataques los muestran como dirigidos contra la Argentina o, mejor dicho, contra facciones internas de la Argentina, a las que se buscó castigar con atentados de corte antijudío. Gracias por su saludo.