In dubio abstine, decían los romanos. De todos modos, siempre está disponible el recurso de poner 500 km de distancia.
¡Qué bueno que haya vuelto! Lástima que la demora no se debiera a que se venía una grata sorpresa. En fin… Se vienen las PASO, y le confieso que no estoy seguro de votar al candidato que más confianza me da, o a la señora de la silla, con tal de cerrarle la puerta a la comprobada inutilidad y desinterés de H.
Entiendo que su comentario se refiere a la capital federal. Efectivamente, el suyo es un dilema que seguramente se estarán planteando muchos.
Completamente de acuerdo con sus dos últimos párrafos. La única opción “no” peronista con chances de ganar depende de que Macri deje de boludear y de la explosión del poderoso dólar. Ya parezco trotskista pensando “cuanto peor, mejor”, pero el argentino recién se aviva cuando le tocan el bolsillo.
Tengo la impresión de que el argentino reacciona cuando le manotean el bolsillo de golpe y groseramente. Ahora, si se lo agujerean para que pierda una monedita cada día no dice nada y se la banca. Y hasta lo considera preferible: la previsibilidad no angustia, e incluso da la posibilidad de imaginar alguna compensación.
Si había alguna esperanza de retornar al país en el mediano plazo, creo que esa posibilidad acaba de diluirse…
Bueno, nunca está dicha la última palabra. Pero espacio para el optimismo ciertamente no hay.
Por suerte no voto
In dubio abstine, decían los romanos. De todos modos, siempre está disponible el recurso de poner 500 km de distancia.
¡Qué bueno que haya vuelto! Lástima que la demora no se debiera a que se venía una grata sorpresa. En fin… Se vienen las PASO, y le confieso que no estoy seguro de votar al candidato que más confianza me da, o a la señora de la silla, con tal de cerrarle la puerta a la comprobada inutilidad y desinterés de H.
Entiendo que su comentario se refiere a la capital federal. Efectivamente, el suyo es un dilema que seguramente se estarán planteando muchos.
Completamente de acuerdo con sus dos últimos párrafos. La única opción “no” peronista con chances de ganar depende de que Macri deje de boludear y de la explosión del poderoso dólar. Ya parezco trotskista pensando “cuanto peor, mejor”, pero el argentino recién se aviva cuando le tocan el bolsillo.
Tengo la impresión de que el argentino reacciona cuando le manotean el bolsillo de golpe y groseramente. Ahora, si se lo agujerean para que pierda una monedita cada día no dice nada y se la banca. Y hasta lo considera preferible: la previsibilidad no angustia, e incluso da la posibilidad de imaginar alguna compensación.
Si había alguna esperanza de retornar al país en el mediano plazo, creo que esa posibilidad acaba de diluirse…
Bueno, nunca está dicha la última palabra. Pero espacio para el optimismo ciertamente no hay.