2 opiniones en “Solución constitucional”

  1. Se acabó la comedia. El Relato se desintegra, pero no por la reacción de la derecha – como le gusta pensar a los K -, sino porque se trataba de una impostura y la inflación (la inflación del peso y la inflación del Relato) se lo está comiendo.
    Hay una gran confusión en ciertas izquierdas: los K, Él y Ella ante todo, no son ni de izquierda, ni de derecha, ni de centro. Faltan dos categorías: una muy numerosa y muy fluctuante, la de los indiferentes; y otra, reducida pero activísima: la de los oportunistas.
    Creo, observando los pasos dados por ellos desde 1976, que los K pertenecen a éste grupo: se vienen disfrazando de lo que convenga período tras período. Ahora convenía disfrazarse de estatistas-populistas, y su ADN peronista – una especie de autoritarismo pragmático y boluble – se los permitía tanto como les permitió haber sido menemistas durante diez años.
    Pero ahora que el modelo muestra su verdadero rostro – que se trató del intento, por parte de un grupo cerrado de socios, de apoderarse del país, el paroxismo de la política como negocio disfrazado de nacionalismo de izquierda -, descubrimos que ¡estamos en manos de los “nuevos peronistas”, esos dirigentes de origen peronista pero que – así dicen, y algunos creo que lo demuestran – han aprendido la lección de que ningún sistema nos conviene tanto como la democracia constitucional, con todo lo que implica: diálogo permanente, control constitucional, política como servicio a una imagen de nación y no como negocio privado disfrazado con los atributos del populismo!

    Yoma parece haber llegado recientemente a ese club político.
    A muchos de ellos les creo (Lavagna, Bárbaro, Pino, Bonasso, y otros). Pero se están viendo muchos recién llegados, mucho tránsfuga atraído por Massa (otra incógnita).
    ¿Habrán aprendido la extraordinaria lección que, indirectamente, nos dejan los K?
    Gracias por sus columnas, Santiago.

    1. Coincido con usted en la idea de que los K nos dejan una magnífica lección: diez años de ejemplos de lo que no hay que hacer, con la marcha atrás felizmente dada por ellos mismos de manera que el valor didáctico no se ponga en duda. La lección es clara, pero su aprendizaje es, como usted lo plantea, una pregunta abierta.

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