4 opiniones en “La soberbia y el precipicio”

  1. No hay nada que agregar a sus palabras.
    El aforismo de Acton se vuelve a aplicar: “El poder tiende a corromper; y el poder absoluto, corrompe absolutamente”.
    La estatua de Azurduy, una representación indirecta de Ella misma, corona sus esfuerzos de auto-engrandecimiento (aún más allá del que le dedicara a su difunto esposo, su maestro en política).
    La estatua de Zerneri que festeja a Juana-Cristina exhibe un lenguaje impersonal y ampuloso; y patético, como nos gusta a los “americanos”…
    Carece totalmente de poder de síntesis, igual que los discursos de Cristina Fernández.
    La prueba, entre otras cosas, está en la cara: de repente, en un contexto impersonal, aparece una cara personal, la cara de alguien en particular, como una foto o un calco agrandado; y todo el movimiento se detiene ahí, en la cara, el foco del conjunto, ¡pero tiene otro lenguaje, como si se tratara de un montaje…!.
    El otro foco es la tremenda espada que blande con la mano izquierda frente a la casa de gobierno; que por eso, posiblemente, se pone colorada, morada, violácea, azulada…
    Pero el simulacro no está completo porque falta – sorprendentemente – el gesto que hubiese unificado un poco al cuerpo con la cara y la espada: ¿cómo puede ser que, con semejante esfuerzo, la figura no “abra la boca” y muestre los dientes para gritar su rebelión? (¡Lo que nos perdimos!)
    Las aclaraciones de Zerneri sobre la estética europea y la americana indican que es un gran trabajador, pero muy inocente…
    Un amontonamiento de materia no es una forma.
    Y el gobierno de Cristina Fernández es un amontonamiento de insensateces.

      1. Es muy inquitente su última frase, Santiago.
        Augura una especie de eterno retorno de lo mismo.
        Habrá que confiar en lo imprevisible: quizás, una pendulación hacia prácticas políticas honestas; un despertar de la justicia.
        ¿Quién sabe?

        1. Muchas veces pensé que habíamos aprendido la lección, y en todas me equivoqué. No veo que nada haya cambiado, al contrario: basta una recorrida por los foros, las redes sociales, para comprobar que seguimos atrapados en enconos ciegos (y además equivocados). Pero, bueno, es cierto, perder las esperanzas sólo empeora las cosas.

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