El destinatario recibirá una copia de 'Un problema jurídico, no económico'.
3 opiniones en “Un problema jurídico, no económico”
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El sitio de Santiago González
El destinatario recibirá una copia de 'Un problema jurídico, no económico'.
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Es posible que, de haber continuado en funciones Lavagna y Cía, se hubiese ido regularizando la deuda. No lo sabemos, pero es posible. Al menos, estaba todo “en foco”.
Lula le pagó al Fondo y Néstor – rápido el hombre – se copió (para no ser menos), pero con la intención de sacárselo de encima y evitar que hiciese preguntas sobre los destinos de los fondos públicos. Acto seguido prescindió de Lavagna y convenció, a los que después iban a formar parte de La Cámpora, de que no hacía falta ministro de economía porque con Él bastaba… Intervino el Indec, le imprimió mayor velocida d a la corrupción, y, en la carrera por organizar un REGIMEN DE DEPENDENCIA INTERNA, se desbarrancó. Cristina con el 54%, sintió que su narcisismo estaba justificado por el Universo y… aquí estamos: a punto de enseñarle al Mundo cómo hay que gobernar.
No soy economista, pero leyendo artículos como los suyos y unas cuantas cosas sesudas; pero, sobre todo, observando de dónde vienen, qué son y a dónde van, no me cabe duda de que la corrupción – hagan lo que hagan y digan lo que digan – es una variable que se ubica, cada vez más, en el núcleo de lo que puede explicar el actual proceso socio-político.
Gracias por su atención.
Aunque resulte sorprendente, la actitud de Griesa, un juez de larga experiencia es, en gran medida, emocional. Pero no siempre fue así. Vendría bien repasar las sucesivas ocasiones en las que el juez Griesa falló a favor de la Argentina, porque fueron unas cuantas (¡once dice Pignaneli!), y porque, posiblemente, lo hizo en consideración a un país, a una nación, a un pueblo, sin tener en cuenta a los mandatarios de turno… Pero, en 2012, cuando la fragata Libertad fue incautada en Ghana, el juez se enfrentó (estoy haciendo suposiciones) por primera vez, con la mandataria de los argentinos, una señora inmadura, mandona, caprichosa (véase el caso del monumento a Colón, por ejemplo) y demagógica como lo había sido su marido, pero sin la contención que aquél, al menos, le brindaba, hasta que se desbarrancó como un caballo a la carrera que se va de la pista…
Hace unas semanas – dos o tres -, Griesa afirmó, públicamente, “voy a hacer que Argentina no vuelva a incumplir nunca más un fallo judicial”.
El embrollo que usted contribuye a aclarar con su nota, está lejos de reducirse a una sola relación, como podría parecer a partir de una equivocada lectura de mi breve nota; pero en el centro de la escena, y en todo momento, están Ella y Él. Cristina – necesitada de un nuevo enemigo para su gesta heroica -, y Griesa – que no está dispuesto a despedirse de su larga actuación dejándose escupir y basurear por una persona (¡una mandataria, para colmo!) a la que él no le tiene admiración ni respeto -. El juez Griesa ha exagerado la nota, yo no tengo dudas; pero, por cierto, ¡ha contado para ello con una ayuda extraordinaria!
En alguna otra nota mencioné la larga paciencia que había tenido Griesa con la Argentina. Creo que perdió los estribos ante la desafortunada e injusta serie de agresiones, acusaciones y desprecios que recibió de parte del gobierno argentino; desde entonces nunca dejó de tener una frase que reflejara ese enojo: en la última dijo que la Argentina estaba “altamente descaminada” en su manera de encarar la situación. Como quiera que sea, por enojo o impericia, sus decisiones han creado una situación llena de complejidades que en lugar de facilitar una solución, la paraliza. El gobierno argentino ha dado pruebas últimamente de querer normalizar su situación con el mundo financiero y económico –Ciadi, Repsol, Club de París– no por un repentino ataque de virtud sino para conseguir créditos que le permitan llegar hasta el 2015 y cubrirse las espaldas, y no hay razones plausibles que expliquen por qué no lo quiere hacer ahora, excepto el temor, para algunos injustificado, a la cláusula Rufo. Griesa es el que puede disponer las cosas de manera que no queden dudas ni resquicios legales que permitian activar la infausta cláusula en caso de que la Argentina llegue a un arreglo con los demandantes. Cada vez que algún funcionario del gobierno lo agrede, esa posibilidad se aleja un paso más.